Suspiro al tratar de desenmarañar el entramado que se ha armado con los cibervínculos a través de las apps de citas. Creo que estamos frente a una revolución afectiva que no estamos entendiendo del todo bien por eso nos resistimos, nos apenamos y hasta renegamos de aplicaciones que no tienen la culpa de nuestra manera de actuar online. Encontramos un conducto adonde expulsar nuestras pulsiones más básicas deshumanizando al otro, es fácil.

narcisismo

El narcisismo online parece haber alcanzado niveles altamente contaminantes de nuestra realidad… En esa imagen que pongo en el perfil de la app: me veo, me gusto e intento atrapar en mi red a ese/as otro/a que me gusta. Y si lo que muestran mis fotos no me gusta puedo usar una aplicación para sabotear la imperfección o mostrar fotos de cuando tenía una imagen que me gustaba de mí mismo/a.

Hay perfiles que reclaman sinceridad y cuando los conocés resulta que no tienen nada que ver con la foto que mostraron o mintieron en su historia personal. Suspiro con desgano para explicar el concepto errado de que los opuestos se atraen… sirve para la física pero no funciona para construir puentes emocionales porque las diferencias actúan como interferencias en la comunicación.

El principio de las relaciones humanas es empatía por identificación, entonces una pregunta atinada sería: con qué nos estamos identificando si hay tantos entuertos online? Nos identificamos con lo que escribe o dice por un audio o por teléfono ese/a desconocido/a que está tratando de no mostrar la hilacha o nos identificamos con nuestra propia imagen de hombre o mujer ideal? Creo que hay personas que saltan de un mundo a otro sin escalas y eligen la versión del folleto de marketing… y sí un poco las apps son vidrieras donde colgamos nuestra publicidad para ser elegido por un grupo de mujeres o de hombres.

El problema de quedarnos con la versión online es que sin una intención clara, adornamos tanto la personalidad y el encanto de la otra persona que, lo que nos atrapa no es la otra persona sino la idea que formamos en nuestra mente de ella. Es como si cocináramos un mujer o un hombre barro y esperamos darle vida con una varita mágica en el encuentro. Reitero que no estamos entendiendo cómo funcionan las relaciones en el nuevo contexto comunicacional y entonces nos enojamos, le echamos la culpa a algo tan inerte como una aplicación para teléfonos celulares. Ridículo!.

Algunos hombres dicen yo quiero hablar por teléfono porque me aburre chatear u otros dicen quiero hablar por teléfono porque enseguida me doy cuenta si miente. Es cierto, la conversación telefónica acelera y agranda la cantidad de cosas que se pueden contar pero pensemos por un momento: Con qué propósito? Por qué tanto apuro por descartar? En mi experiencia las pocas veces que he hablado por teléfono se producen charlas más intimistas que generan la fantasía de conocer al otro desde mucho más tiempo. Eso no es bueno antes de un primer encuentro porque a propósito o de casualidad genera una expectativa sobredimensionada.

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La forma de seducir a través de las apps pareciera el caos del post amor, nadie quiere ir lento, pocos quieren tomarse el tiempo de escucharse y ver qué les pasa con ese otro/a que ingresa a su realidad. Resulta que yo soy locuaz, me gustan las charlas con contenido y siempre se me puede ocurrir algo de lo cual hablar pero hay momentos en que menos es más, el misterio de descubrir si el/la otro/a nos va a agradar es un encanto del que todas/os deberíamos poder disfrutar. En el fondo importa poco si el/la otro/a nos gusta, importa más que haya sido auténtica/o en cómo se mostró y pasar un buen momento.

Ir a una cita pensando que vamos a encontrar al hombre o a la mujer que nos encantó por chat es un error táctico. Un poco de sensatez! Usemos esa adrenalina para conectarnos con ese/a joven que fuimos a los 20, perdamos el miedo a ser lastimados y raptemos la intuición de la experiencia para saber si la diferencia entre el mundo online y el real devastó nuestra ilusión o no. Creo que es una edad adonde tenemos que ampliar la grilla de variables que pueden hacer que la otra persona no sea elegible para nosotros o que no nos elija. Caminemos los grises y permitámonos equivocarnos!.

Cuánto cuesta rescatar la verdad del olvido! Las intenciones subrepticias callan las heridas que al aflorar queremos salir corriendo de ese incipiente vínculo, olvidándonos que el otro es un ser humano con un mundo emocional. Algunas/os dirán yo no soy así de egoísta, mentira! Cuando una/o viene buscando alguien que le guste y lleva un tiempo en ello, se deshumaniza y piensa en sí misma/o, por eso a veces calla que se siente ahogado por el/la otro/a o que hay momentos que quiere huir no por esa historia sino por el final de la historia previa que nos lastimó. Es como si tuviéramos una bomba de humo preparada en el bolsillo y ante el primer susto o tropiezo: cataplum! Desaparecemos y ya!.

Qué puedo decir más allá de la obviedad de que la personalidad online de alguien debe coincidir con la personalidad presencial y también que sus palabras deben estar en sintonía con su actos porque si no, estamos viviendo una fantasía que nos hará estrellar tarde o temprano. Por eso quizás deberíamos ser más audaces a la hora de preguntar, quizás deberíamos tener el desparpajo de preguntar y ya, si el/la otro/a se esfuma será porque no es para nosotras/os. Suena a consuelo tonto, no? Sin embargo, despegarse de la idea formada por la personalidad online de alguien es liberador porque se basa en la creencia en que ese puede no ser el unicornio que buscamos pero en algún sitio del ciberespacio está!. Y allá vamos hasta el infinito cansancio de indagar y buscar hasta el hartazgo.

Mecha

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