Si fuéramos a una fiesta de cumpleaños donde la pareja anfitriona discutiera sobre algún asunto y luego entrevistáramos a los invitados para indagar sobre los motivos de la disputa, estoy completamente segura que habría varias versiones de los hechos. Tendemos a tomar como fehaciente a la versión repetida por un mayor número de personas, pero que hay sobre los cambios de paradigma? Acaso los cambios de conciencia social no son siempre impulsados por una minoría?. Entonces volviendo a ese imaginario social de si la mayoría lo dice, debe ser así…estamos en lo cierto?. Importa estarlo?.

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Se me viene a la cabeza la historia de Copérnico que fue condenado por decir que la tierra era redonda cuando la mayoría de la gente de su época creía que la tierra era plana. Fue desacreditado y condenado por varios círculos sociales. En este sentido, me pregunto si con la diversidad sexual nos está pasando como con esa revolución científica tan resistida del renacimiento. Se me vienen a la mente verdades aleatorias tales como la época en que se pensaba que la homosexualidad era una enfermedad o cuando la medicina estaba basada en una creencia de que había que mantener los fluidos corporales estables, entonces la solución a casi todos los males eran las sangrías. O esas otras verdades convenientemente machistas sobre la circuncisión femenina o que los “correctivos” a los niños eran mejores para su educación. Todas creencias que sostuvieron mayorías dominantes y que hoy por hoy, están mal vistas por la sociedad global. Evolucionamos.

Llevando esta reflexión a todas las relaciones, me pregunto por qué excluimos a quien no responde como la mayoría? O mejor dicho, diferente a lo que la mayoría recrea como socialmente aceptable?. Esto me trae a la mente la permanente encrucijada en la que se siente una gran amiga: aguantar hasta el borde de la locura o expulsar a su pareja de su vida, un extremo o el otro. Es angustiante vivir en los extremos, porque es como jugar el premio mayor de la Lotería: o te hacés rico o perdés todo. Será que yo soy una mujer que intenta navegar los mares de la tolerancia, de la sinceridad y por sobre todo los de dar sin esperar demasiado a cambio?. Será que soy una mujer abierta a posibilidades impensadas que intento nadar los ríos de la cuestión imaginada pero no dada como absoluta? O simplemente soy una mujer que me resisto a seguir el libreto de una vida escrita por mandatos sociales que no pedí?.
De alguna manera elegí desafiar los mandatos mi clan familiar, me animé a preguntarme más allá de lo evidente, sin poder resistir esa rebeldía que afloró en mi espíritu aventurero. La cuestión es que ser totalmente auténtico, vivir la vida intensamente, no parar a reprocharse lo que pudo ser y no fue, suele ser aterrador. Por eso si lográs traspasar los límites de tus propios miedos, seguramente estarás dispuesto/a a entregar tu corazón a las pasiones que se te presenten ya sea en una relación interpersonal o en algún modo de expresión artística. Suelo decir que cuando la vida me da cachetazos también me da palmaditas en el hombro: con esto quiero decir que nada es completamente malo ni tampoco completamente bueno. Así que, arriba los corazones como dice el dicho popular!.

La apuesta es dejar que el hilo de la vida haga correr su carretel y en ese discurrir eludamos vivir corriendo tras un/a otro/a imaginario/a que al fin y al cabo, siempre será como en aquella película de Georgina Barbarossa llamada Ya no hay hombres. En ella la protagonista imagina su hombre perfecto y resulta que un día se le aparece (producto de su imaginación) en su alcoba. Lo primero que hace es mirarlo de arriba abajo, le toca los bíceps y le dice que se los había imaginado más voluminosos, jaja!.

Me tomo las manos y me pregunto si los sobrevivientes del amor buscamos un mundo detrás del espejo y exigimos al otro una perfección que, a ciencia cierta, sabemos que no tenemos. Será que a medida que recorremos la madurez, aceptar la imperfección es tomado como la resignación de lo inevitable? Quién lo dice? Me resulta inaceptable que habiendo recorrido más de cuatro décadas, nuestra mente se haya anquilosado tanto que podamos habernos olvidado de disfrutar de lo simple, de ser feliz con esa correría que nos salió de casualidad o de esa mirada pícara al imaginar una travesura. Pareciera que siempre vamos por más sin brújula… será por eso que hay tanta gente cayendo en el lugar de la insatisfacción permanente?.

Loving couple walking and having fun in Budapest, Hungary

No será que seguimos el mandato social sobre la tristeza de la ancianidad y no nos permitimos pensar los próximos 30 años como una etapa de sosiego y plenitud?. Por qué no ser como esa adulta mayor que las redes llaman la abuela Tinder: se permitió abrir una cuenta en Tinder a los 83 años y volver a jugar escribiendo en su perfil: Hattie, 83, fascinante belleza mayor. Buscando un amigo / amante más joven y estable para una vida compartida de aventura y pasión. Admiro su desfachatez al declarar en una entrevista: “Amo a los hombres más jóvenes porque están en medio de un logro, de una meta, existe la emoción de crear”.

Vuelvo a juntar mis manos por la punta de los dedos y sonrío a la pantalla pensando que cuando sea mayor quiero ser como ella: compartir sexo hasta que la muerte me separe y disfrutar de la libertad de vivir una vida sin ataduras. Suspiro ante mi propia desfachatez porque sinceramente me resisto a la idea de que puedan venir décadas de no ser mirada, no ser tocada o no ser acariciada por un otro que me haga sentir elegida.

Y Ustedes aún no se resisten? Qué esperan para hacerlo? Qué esperan para estar en medio de un logro, de una meta y sumergirse de lleno en la emoción de crear? Acaso esperan hasta que la muerte los separe? Un sinsentido evidente!.

Mecha

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