He escuchado varios relatos de personas que circulan entre la cuarta y la quinta década, de cortes de relaciones por chat. Me pregunto si ese último mensaje es como un remate de un hilván que viene cosiéndose en la relación sin que uno de los dos, lo perciba. La lectura general es que esa, es una manera inmadura de cortar una relación porque cualquier relación a estas edades “debería” ser finalizada persona a persona. Quién lo establece? El sentido común? De qué época? La realidad es que el mundo on line ha abierto otras maneras de relacionarse, ya no hace falta salir a la calle para estar en contacto con el afuera y eso transmuta los vínculos.

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Me da la sensación que justamente lo que quiere evitar el que corta por chat una relación es el dramatismo que implica una ruptura, es como saltearse el capítulo del llanto en cualquier película dramática. Me pregunto qué puede ser tan tremendo después de los 40, como para que alguien unilateralmente decida echar de su vida a alguien sin mucha explicación. Será que sienten que las palabras sobran? Será que existe la fantasía que la otra persona repentinamente es un/a adivino/a? O simplemente el chat es un buen trampolín hacia el olvido sin un supuesto costo emocional?. El mundo emocional va por un carril diferente, el desapegarse de alguien siempre tiene un costo que puede ser más bajo que el de seguir apegada/o a esa persona pero es un costo al fin.

Si algo he aprendido en esta vuelta al ruedo es que el dramatismo no es propiedad absoluta de la platea femenina, hay tantas formas de ser hombre como las hay de ser mujer. Conocer a alguien no te garantiza que un día en la vorágine de su vida no termines, de a pie atónita/o, sin entender la razón de esa absurda ruptura por chat. Por eso creo que es sano estar atenta/o a escuchar el silencio en una pareja. Diría que escuchar el silencio en una pareja, es tan importante como recopilar las palabras que van y vienen. A mí me pasa que no me gusta hablar mucho de mis sentimientos, quizás porque creo más en los hechos que en las palabras y entonces las suelto cuando me surgen espontáneamente y en verdad las siento. Quizás siento que son más importantes esas palabras que subyacen a los diálogos sin decir, esos temas que nunca se tocan, esas historias que nunca se proyectan. Quizás creo que cuando después de un tiempo el silencio atrapa la relación, es síntoma que el vínculo no creció y es posible que uno de los dos ya no esté en ella.

De repente se me viene a la cabeza que hoy en día establecemos dos relaciones en simultáneo cuando salimos con alguien: una relación virtual a través del chat y otra relación en persona. Cuando ambas relaciones son divergentes algún discurso no es auténtico, por eso siempre sostengo que el único lenguaje difícil de impostar es el corporal. Esa caricia ausente después del sexo, ese beso inexistente al despedirse, ese abrazo desaparecido al encontrarse: son todas señales que deberíamos mirar con atención para cotejar con lo que nosotras/os queremos de esa relación.

Es como esa cuestión de quedarse a dormir después del sexo o no quedarse, hay gente que da por sentado que puede quedarse a dormir con esa/e compañero/a sexual… yo interpelo eso. Una cosa es el deseo de compartir sexo y otra es el deseo de despertar con alguien. Una cosa no necesariamente lleva a la otra, sobre todo en un primer momento cuando se está conociendo a la otra persona. Levantarte con el/la otro/a requiere de un apego afectivo, de un compartir un nivel de intimidad poco encantadora que yo no lo sugiero en los primeros momentos compartidos.

Aquí les diría, ya somos grandes! Podemos ser sinceras/os sin que nadie se ofenda, acaso no es encantador que alguien nos desee aún con nuestras arrugas, con nuestra pancita y con nuestra canas? Por qué no quedarnos con esa fotografía maravillosa de una noche furtiva de pasión? Yo le preguntaría a cada maduro y cada madura que me diga sinceramente con una mano en el corazón si al finalizar de compartir sexo, realmente desea quedarse a dormir en esa cama ajena o volver a la suya. Estoy segura que unas/os cuantas/os dirían que quisiera volver a la suya y por ahí no lo dicen para no quedar como mujeres liberales o como hombres desapegados.

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Creo que cuando las relaciones sexuales en una pareja se espacian hay silencios que no son abordados, hay carencias que no son cubiertas y por sobre todo, hay un dejarse llevar por la vorágine cotidiana. Como si el otro siempre fuera estar en nuestra vida, lo damos por sentado y ese es un error garrafal. Para mantener viva la llama de la pasión, siempre hay que esforzarse, siempre hay que guardar un truco para sorprender al otro y siempre hay que intentar ganarse esos besos que están por venir.

Viendo alrededor pareciera que el rescate de la pasión viene de la mano del cambio de pareja. Será que hay que jugar al juego de la silla y cambiar de pareja cuando se deja de tener sexo? Y si… dejar de tener sexo, es dejar de acariciarse, de tocarse, de abrazarse, de besarse y es también dejar de sentirse deseada/o, mirada/o, acogida/o por el otro/a. Me cuesta imaginarlo porque no podría soportar que esa pareja de la cual estuve enamorada se convirtiera sólo en mi mejor amigo/a.

Me pregunto si el amor que me quiero regalar en mi madurez será un sueño imposible de cumplir o a la vuelta de la esquina cuando esté harta de la rueda online de citas, el día menos pensado, encontraré a un hombre que me arranque un suspiro y lo desee elegir una cantidad incontables de citas. Quién sabe no? Mientras tanto soñarlo es una perfecta manera de ir a su encuentro.

Mecha

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