Pareciera que las palabras en las apps no se las lleva el viento, se las lleva la desidia de no comprender que el único camino es intentarlo. Me pregunto por qué una charla termina con una pregunta o por qué, ese que parecía interesado no volvió a escribir. Suspiro un qué se yo! Después de un tiempo de citas, respiro trabajosamente y un silencio de desolación me surge porque no entiendo cómo se mueve el mundo del coqueteo online.

Será que no quiero salir con es lo que hay, o ya está, estamos jugados jaja! Me resisto a más no poder!. Antes prefiero practicar yoga todos los días, dedicarme a la meditación y vivir más en el otro mundo que en este. Quiero un hombre que mire, que me mire y que al fin me vea. Quiero un hombre que me mire y al mirarme yo me sienta comprendida. Sonrío al imaginar ese cómplice en un camino que siento ya estar lista para encontrarlo.

La mayoría de las veces cuando alguien me contacta, percibo como si tuviera una grilla mental adonde chequea los pasa no pasa. No reniego de eso porque todos tenemos cosas que no tenemos ganas de vivir otra vez o por primera vez. De lo que sí reniego es de sentirme sola, pero me he dado cuenta que la clase de que cosas por las cuales me he sentido profundamente sola este último tiempo, igualmente lo hubiera sentido aunque estuviera en pareja. Por qué? Porque hay soledades que tienen que ver con las responsabilidades que tenemos sobre nuestras espaldas, con días en que sólo el llanto pareciera consolarnos aunque al mirar para atrás, podamos darnos cuenta que tan mal no nos salió.

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Esa obsesiva necesidad de no equivocarse en la adultez, pareciera un fantasma que nos persigue, nos oprime el pecho con el terror de quedar ante la vida como tontos/as. Yo me pregunto cuál es el problema de equivocarse? La equivocación en sí o no haber aprendido de un error cometido más de una vez? Y cuál sería el problema de cometer el mismo error más de una vez? La rabia de no haber escarmentado? Se me viene a la cabeza cómo es aprender un deporte: práctica, intentarlo, sale mal, práctica, intentarlo, sale mal, práctica, intentarlo, sale bien!. Me pregunto si volver a enamorarme no será como aprender un deporte, citas que inteno y salen mal, citas que intento y salen mas o menos, citas que intento y salen muy bien!. Será volver amar en la madurez, el deporte de estos tiempos para los pasados de 40? Parecemos de vuelta de todo pero a la hora del flirteo nos hemos vuelto toscos y perdemos la paciencia enseguida.

Escucho a varios/as decir lo mío es el cara a cara, no me gustan las apps, ja! Al último que me contó, que eso decía un compañero de trabajo, le contesté: decile que la mayoría de las divorciadas con hijos estamos en las apps porque nos la pasamos corriendo de un lado a otro y no tenemos otro lugar casi, para conocer a un hombre o a una mujer nuevo/a. Quítense el hábito de monje/a mojigato/a… que no tiene nada de malo admitir que queremos conocer a alguien para elegirlo/a como pareja! Una cosa es tener el prejuicio de ser de una raza superior que no está para las nimiedades de los chats en las apps de citas y otra muy distinta es ventilar nuestras intimidades.

La verdad es que no entiendo a las personas que dicen: yo no estoy para las apps de citas. Qué quieren decir? Que ya están retirados de la vida amorosa? Adónde esperan conocer a una mujer u hombre maduro? En el supermercado? En la clase de tenis? En la canchita de fútbol? En la clase de portugués? Todo es válido pero lo que se pierden es que las apps son una gran herramienta para conocer gente nueva. Y por eso no deberíamos indilgarle a las apps la responsabilidad de lo que pasa luego que una/o conoce a alguien personalmente, ahí la cosa ya corre por nuestra cuenta.

Pareciera que lo tedioso estriba en admitir que al empezar a desear tener una pareja no tenemos mucha idea de lo que queremos, mentalmente ponemos una lista interminable de requisitos que funciona como esa lista de supermercado que al final llevamos en el bolsilo sin usar porque al escribirla ya la memorizamos. Todas esas ideas preconcebidas se modifican al compartir con ese/a que nos pareció en las apps y en el chat previo que nos podría gustar. Y si… se modifican para bien o para mal.

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En esa línea de ideas, me pasó algo curioso con el último hombre que conocí por las apps, es como que era el candidato políticamente correcto pero a mí no logró alocarme las plumas, había algo de lo no dicho, de eso que flota al compartir que hizo que la magia nos se me despertara. Aún así intenté conocerlo y al final me llevé un: deberías haberte dejado llevar por tu primera impresión. En fin, la cosa terminó casi antes de empezar. Si bien él fue quien no quiso volver a que nos viéramos, después de unos días me di cuenta que nuestras búsquedas eran incompatibles. Demasiado machista, demasiado estructurado, demasiado ornamentado, en fin una versión varonil demasiado rococó para mi gusto.

Y de eso se trata: de ponernos en sintonía con nuestros gustos, con aquellas cosas que nos hacen sentir cómodas/os al compartir de a dos sin tanta vuelta y sin tanta racionalización. Hay cosas que nos matan la pasión y no hay con qué darle, es así por un montón de creencias internas que nos hacen ser quienes somos y por eso lo más sabio es no luchar contra ellas sino hacer de ellas nuestras aliadas. Recuerden: intentar, reintentar y seguir la intuición para disfrutar de la vida que nos desafía.

Mecha

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