Me pregunto si tengo una picardía irreverente hacia todo aquello que me imponga algo diferente a lo que imaginé necesitar para ser feliz. Me pregunto si ese objetivo vital que siempre perseguí sobre la felicidad es un mandato autoimpuesto o algo que ya traía conmigo al llegar a estas tierras. Me pregunto qué hace que alguien cruce mi destino y otro no.

Entonces se me viene a la cabeza, la interesante teoría de la coincidencias que James Redfield describe en su libro La novena revelación. El autor plantea que todas las personas que cruzan nuestro hilo de destino es por una razón y que siempre hay un intercambio de información. Algo así como que toda la información que precisamos para seguir nuestro camino llega a su debido tiempo. En muchas oportunidades en mi vida pude corroborar esta máxima aunque ocurrió de manera más notoria en viajes que emprendí sola.

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Es como si nuestra energía atrayera a las personas que tienen algo para decirnos. Como si de alguna maneras estuviéramos sintonizados en una radio cósmica que nos hace vislumbrar a ciertas personas y que otras se nos pasen desapercibidas. Hace añares que rodeo el interrogante de por qué me pasó esto o no me pasó aquello cuando fuí a un lugar o conocí a alguien.

En mi vida he emprendido incontables búsquedas de felicidad, algunas fueron exitosas otras no tanto pero lo que tengo claro después de tanta búsqueda es que la felicidad es un estado de ánimo y como tal es efímero. Y como la felicidad son momentos discontinuos en la vida, es muy grato vivirlos plenamente. Ese imaginario popular de alcanzar la felicidad para siempre creo que no existe porque la felicidad es una construcción, una mirada de la vida, un aprender a disfrutar de las cosas sin tanto cuestionamiento. Creo que para ser feliz es necesario ser un poco intrépida/o: una/o debe despojarse de las certezas, de las dudas y de las razones que le impiden poder estar de cuerpo presente en el hoy.

Hubo momentos que me harté de escuchar relatos de otros tiempos, como si una/o estuviera condenada a repetir hasta el hartazgo aquello que se empeñó en dejar atrás con el divorcio. Si nos ponemos a pensar, una locura total! Salir a una cita para hablar de lo que queremos olvidar!. Algunas personas piensan que nuestro pasado nos condena, como si nos definiera en el hoy. No estoy de acuerdo, creo que el pasado está formado por eventos que ocurrieron y como a un muerto deberíamos dejarlos en paz.

En mi última cita me pasó algo curioso: el otro hizo algunas afirmaciones sobre lo que había pensado previamente y yo no tuve necesidad de dar una respuesta a ellas. De alguna manera no me hice cargo de las ideas previas del otro porque no estaba en el terreno de lo que yo había pensado para esa cita. Esto me hace reflexionar sobre que, cada uno va con diferentes expectativas a conocer a alguien. Algunos/as con sus fantasmas sobre sus espaldas, otros/as con sus ex-amores y otros elegimos ir despojados/as de ideas preconcebidas.

Es que me llevo de piñas con las ideas preconcebidas porque son limitantes y condicionadoras de una realidad que se está escribiendo en el momento de compartir. Será que trato de detener mis pensamientos sobre lo podría ocurrir cuando conozco a alguien que me gusta para dar lugar a la sorpresa. Será que cuando me gusta alguien disfruto con una amplia sonrisa hasta de un piropo por chat, como si tomara una bebida de a sorbitos para no perderme del sabor del encuentro.

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En la madurez estoy convencida que el modelo de pareja que suma mayor felicidad es aquella que no convive de forma permanente, sobre todo si hay hijos bajo el mismo techo. El no convivir mantiene una porción de nuestra vida en el anonimato para el otro y eso da espacio para ese deseo que no puede darse por sentado. El no convivir mantiene el vilo de sorprender al otro con ese vestuario sensual que elegimos tan cuidadosamente o con ese perfume que de pasada compramos. El no convivir evita peleas por cuestiones domésticas que desgastan una relación. En fin, creo que el no convivir maximiza el hechizo de la pasión.

Será por eso que a menudo me pregunto por qué alguien que ya tuvo dos divorcios intenta encontrar una mujer o un hombre para convivir en la madurez? Por qué lisa y llanamente no se admite que la rutina la/lo termina aburriendo? Como le dije a un amigo en esa situación: bueno no te funcionó dos veces la convivencia, ahora deberías probar la fórmula de tener una pareja estable sin convivencia. Compartir fines de semana, vacaciones pero algunos días cada uno en su casa. Me miró como haciendo pucheros pero se quedó pensativo como no queriendo dar el brazo a torcer. jaja! Me llenó de ternura!.

Ojalá pudiera regalar frascos de por qué no? Así que podría ayudarlos/as a soltar amarradas de creencias internas inútiles que alejan de la plenitud de atrapar momentos de felicidad. Ojalá pudiera regalar frascos de baila tu destino! Así podría ayudarlos/as a que la música de la vida se les meta en la piel como aquél que cuando nadie la/lo ve se anima a agarrar el escobillón y hacerse la estrella de rock! Será que el ojalá de hoy puede ser la certeza perdida de mañana o el libreto que la vida les regala para escribir su propia historia de plenitud. Qué mas da! Anímense a vivir intensamente que la calesita de la vida nos ayuda a respirar aire fresco y eso nos hace sentir vivos más allá de lo evidente!

Mecha

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