Vengo de ratos de silencio conmigo misma, me he estado preguntando sobre aquellas palabras que elegí acallar por un rato. Pasé por el descrédito de encontrar alguien que pueda arrancarme espontáneamente un suspiro. Pasé por la desazón de sentir el infortunio de una búsqueda sin encontrar lo esperado. Pasé por la remembranza de lo añorado como último salvataje de lo que precisamos unir para ser felices.

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Si alguien pudiera venderme la receta de la pasión y entonces como un ingrediente del budín de la abuela pudiera echar un hechizo a alguien que eligiera, creo que me sentiría con el corazón tan frágil que quién sabe si lo soportaría. Es que no sabría si ese otro me elige por quién soy o por quien cree que soy. La diferencia entre quienes somos y quienes cree un otro que somos, es la diferencia entre expectativa y realidad que muchas veces se da en una cita.

Es que a través del chat, es frecuente que el otro se haga una imagen diferente a la real sobre una/o y no porque una/o mienta sino por la necesidad del otro de adornar quién sos. Como un arbolito de Navidad, le pone tamices de acuerdo con sus gustos sobre una pareja. Me da la sensación que fuera como un ejercicio de copiado rápido: tomo la persona que aún no conozco y la floripondio1 con aquellas cosas que amaba de mi última pareja importante. Una especie de Frankestein romántico jaja!

La realidad es que cada una/o se muestra como puede y le nace, pero no es bueno ser demasiado narcisista y mandarse la parte porque luego el otro se encuentra con una simple mujer o un simple hombre tirando las expectativas al subsuelo. Cuando hay una sobredimensión de expectativas, no importa que seas la mujer o el hombre más bello por fuera y por dentro, no hay manera de remontar la situación porque a la decepción es difícil ganarle en una primera cita.

Una cosa que pareciera tabú es admitir que la primera impresión entra por los ojos… es sonso no admitirlo porque ese primer vistazo se te mete en la piel de una u otra manera, puede hacer que te intrigue conocer a ese otro o ya no te interese porque no coincide con el lenguaje corporal que lees como atractivo. El arquetipo de belleza va cambiando con los años, en la madurez el lado invisible del otro obtiene un peso mucho más relevante que en otras etapas. Aún así estoy convencida que es tedioso hacer hablar a nuestra piel con la resignación de “es lo que hay”, ya que la haraganería mata la pasión.

Lo primero en la atracción es que te guste lo que ves, pero no deja de ser menos cierto que el encanto de alguien se dispara al compartir y es posible que un cúmulo de percepciones se conviertan en una poción mágica de atracción aunque no tengas la figura de una modelo madura de revistas. El interactuar nos tiende un puente con la conexión emocional que precisamos para soltar libremente nuestro ser.

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Quizás no saber lo que una/o quiere, tenga que ver con una profunda honestidad de que eso que pensamos que queremos puede ir cambiando con el tiempo. Con esa idea dinámica de las relaciones amorosas con la que estoy absolutamente de acuerdo. Si algo tienen los juegos de seducción es lo divertido de sorprenderse por aquellas pequeñas cosas que el/la otro/a hace para hacernos sentir bien. Ese ejercicio mental de imaginar la reacción del otro al vernos con ese vestido que elegimos pensando en nuestra próxima cita, imaginar ese abrazo que ya nos abriga, esa mirada pícara que ya nos divierte… todo eso es, en sí mismo, gratificante. Contiene la magia de sintonizar nuestro cuerpo y mente en una onda positiva que nos llena el alma.

Cuando éramos niños nos pasábamos mucho tiempo imaginando cosas: situaciones, aventuras e historias. Esa inventiva que teníamos es parte del legado perdido que nos deberíamos empeñar en recuperar, para poder disfrutar sin esfuerzo durante una situación de seducción. Quizás piensen esta mina la tiene clara, pero a mí me resulta tan complejo como cualquier otra persona porque cuando estamos frente a alguien que nos gusta, nos atontamos, jaja! Pareciera que somos incapaces de pensar porque quedamos embelesados con la conversación, con el beso fogoso, con la mirada sagaz que se da, así de repente sin pensarlo, así con la frescura de la espontaneidad.

Se me eriza la piel al evocar instantes mágicos en los que sentí detener el tiempo. Alguna vez me preguntaron qué buscaba en un hombre y sonriendo fuí totalmente honesta: cuando lo vea lo sabré. Quizás esa desfachatez mía de ser absolutamente sincera sobre mi ignorancia, acerca de lo que despierta en mí pasiones sea lo que me mantiene lo suficientemente cuerda como para no elegir a alguien que no me haría feliz.

Quizás me gusta imaginar que tengo pinceles invisibles para pintar la nariz de ese otro que me elige con los colores de la exaltación, jugar a atraparlo en una red invisible que lo acune por un rato cerquita mío para inflar mi pecho al percibirlo apaciblemente. Volver a la frescura de lo espontáneo como única razón para volver a sentirnos vivos hasta la insensatez de lo impensado y así recuperar la inventiva de animarse a soñar un amor que nos atrape en el aquí y ahora como ese juego en la niñez que no queríamos que acabe nunca!

Mecha

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Una picardía irreverente

Nota 1:Adorno exagerado y de mal gusto

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