Recuerdo que cuando tenía unos 33 años estaba libre como el viento y con ganas de volver a enamorarme. Había pasado un cierto tiempo desde mi último enamoramiento y comenzaba a hastiarme de andar sola por la vida. Un día tomando un café con esas amigas que pasaron la vida de novia, la miré a los ojos y le dije: he comenzado a pensar que quizás no logre volver a enamorarme y formar una familia, que tengo que pensar cómo sería mi vida si eso, que no depende de mí solamente, no sucede. Mi amiga me miró con horror, con ese horror de pensar la madurez o la ancianidad en soledad como una completa catástrofe.

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Es irónico que en este punto de mi madurez me encuentre navegando los mismos pensamientos, como si el destino me jugara una broma de esas que una se tiene que dar un pellizco para saber si es un sueño o no. Comienzo a agotarme de andar sin un amor de pareja y comienzo a preguntarme si acaso ese anhelo que tengo prendido en el fondo de mi alma sobre volver a enamorarme, sucederá.

Junto mis manos, me tomo los dedos en un gesto automático como pensando una respuesta a estos interrogantes que han crecido nuevamente en mí. Repito como un verso absurdo que siempre han pasado unos años entre enamoramiento y enamoramiento, que ya vendrá. Mientras tanto suspiro, miro hacia atrás las citas que fueron fugaces infortunios y aquellas que disfruté dejándolas ir, dejándome fluir.

Mis dudas son la dudas de quien no conoce el futuro y aunque lo conociera apuesta al azar de los sentimientos creciendo en el compartir de a dos. He comenzado a preguntarme, como en aquel entonces, si sería feliz aún sin pareja, sin cumplir el mandato social de envejecer acompañada por un hombre que me abrigue en las noches de invierno. Vuelvo a suspirar como queriendo hacer lugar en mi vida para imaginar una vida así: sin sonrisas cómplices, sin abrazos, sin caricias y me saco todas esas ideas sacudiendo mi espíritu aventurero. Acaso mis sonrisas dependen de un hombre? Acaso mis abrazos dependen de un hombre? Acaso mis caricias dependen de un hombre? Claro que no!

Simplemente amo la idea de estar enamorada otra vez, mis ojos se llenan de brillo al recordar esa hermosa sensación al pensarme en alguien que amo. Me quedo quieta, en silencio, ya no quiero recordar, quiero ser feliz en mi hoy y que eso alcance. Quiero encontrar a alguien que me acepte sin correcciones, alguien con el cual pueda pensar en voz alta y que la sinceridad fluya. La vida tiene sus vericuetos e irónicamente en el peor mes, a nivel emocional, creí encontrar a ese hombre en cuyos brazos me sienta a resguardo porque me den el sosiego de sentirme cuidada.

Estoy convencida que una relación en la madurez es una construcción de a dos que lleva sus esfuerzos por tolerar, combinar y establecer acuerdos que hagan feliz a ambos lados. Aunque el dolor me lacera el espíritu, aunque me quedo con muchas caricias para dar, aunque me siento carcomida por dentro por la desazón; me siento orgullosa de haber podido decirle nuevamente a un hombre que lo quiero. La última vez fue hace tanto tiempo que ya no recordaba cómo hacerlo!. Y si, la verdad es que lo quisiera a mi lado pero una relación es de a dos, los vínculos se basan en acuerdos mutuos y si el otro no puede ni siquiera estar seguro de querer elegirme, entonces es más saludable alejarme, hacer el duelo y seguir adelante.

Vuelvo a preguntarme si tengo alguna especie de maldición que aleja de mi vida el punto de apoyo de una pareja. Vuelvo a preguntarme si la vida quiere marcarme a tierra y fuego que vine sola y sola me iré de este mundo. Vuelvo a preguntarme si ese que elegí querer, volverá a buscarme cuando la tormenta en su interior amaine. Quién puede saber las cavilaciones de una mente ajena? Me duele mucho, me dolió tomar la decisión de apartarme, me dolió tanto que lloré hasta que sentí que no tenía más lágrimas para derramar. Suspiro porque es imposible saber lo que sucederá: si el otro volverá a elegirme o si el otro no volverá a elegirme. Suspiro porque me ilusioné con un proyecto compartido y como un espejo destrozado, esa ilusión estalló. Suspiro porque se que aunque me caiga mil veces, otras mil voy a intentar levantarme como una máquina de nunca puede rendirse.

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Algunas veces creo que mi fortaleza emocional aleja a personas que quiero en mi vida, como si aquello que es invisible a los ojos les soplara al oído que no las necesito y no es cierto!. Suspiro con congoja porque en este instante lo único que me sacaría de este estado de tristeza es sentir que ese otro que encontré, recapacitó y me vuelve a elegir. Es cierto, he pasado mucho tiempo sola luchando con molinos de viento, he pasado por mucho y pocas veces he tenido un compañero que al final de la jornada me abrace en silencio. Qué puedo hacer al respecto? Supongo que nada, supongo que lo más sabio es dejar transcurrir las verdades aleatorias que se presentan en mi vida y en la vida de quienes elegimos. Supongo que sólo puedo vivir el hoy para tener la esperanza que, ese hoy será el futuro que no veo. Supongo que me debo, estar feliz por haber podido querer sin garantías, animarme a hacer lo que sentí aunque hoy esté en carne viva. De repente, ya no lo supongo, lo se. Y si la vida me sigue jugando a la escondida con ese amor de pareja que anhelo en mi vida, simplemente podré ajustar mis expectativas y seguir adelante cómo sea. Como lo sé muy bien, sobreviviendo.

Mecha

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