Alguien que se ha vuelto un interlocutor válido para mí, me hizo notar que siempre tengo un plan de escape. Es cierto que cuando me lanzo a la aventura, siempre pero siempre tengo un plan de escape, imagino en mi mente todo lo que puede salir mal y busco alternativas. Como aquella vez que me fui a Australia aceptando la invitación de aquel australiano por adopción, lo primero que me pregunté fue: qué puede salir mal? No gustarnos? Bueno, no es tan tremendo puedo activar el plan B pero como dice el refrán quién me quita lo bailado?. Alcé mis hombros en gesto de desenfado y allí fuí a conocer el país que siempre había soñado con conocer.

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Muchos años después de aquella maravillosa aventura, la vida me puso ante una situación similar: apareció una invitación inesperada y yo dí una respuesta que sorprendió al otro, la acepté sin dudarlo. Esa invitación fue el detonante de una nueva aventura que me llenó de emoción, disparó en mí el interrogante de cuáles son las cosas que quiero vivir porque sí!! Que soy madura? Y qué? Por qué no podría compartir cosas que se me dan las ganas! Así sin lógica ni explicación, simplemente porque me vienen las ganas de vivirlas y ya! Sin cuestionarme nada de nada, por la osadía que la espontaneidad me plantea, por el sabor de la valentía.

Otro interrogante que se disparó en mí fue acerca de las cosas que me merezco vivir en esta etapa, en esta madurez tan locuaz. Por qué? Porque sí! Porque se me ocurren que las merezco y sanseacabó!. Sin dudas, el amor está en primera fila en todas sus formas porque el amor es para mí fuente de felicidad y satisfacción. Una vida feliz es una vida que vale la pena transitar hasta el último recoveco.

Tengo una lista en mi mente de las cosas que tengo por hacer hasta que mi mente cavile otras dimensiones. Sonrío al imaginarlas, entrecierro los ojos con un destello de picardía al soñar convertirlas en realidad. Elijo saborear con los ojos cerrados y respirando hondo traer a mis poros ese piel contra piel que tanto añoro. Imagino el cuerpo desnudo de un amante inexistente que me den ganas de acariciar lentamente del derecho y del revés con tanta ternura como pasión. Imagino mirarlo a los ojos muy profundamente y acariciar suavemente su mejilla para besarlo tan intensamente como pueda. Imagino un abrazo inesperado, ese que me tome por sorpresa y me llene de ternura. Elijo no ponerme triste por lo que añoro y hoy no tengo. Elijo llenar mi copa de esperanzas que algún día, un día de estos ese amante inexistente se hará carne en mí.

Me gusta imaginar los dobleces de las cosas, imaginar cómo podría resultar algo si lo pensamos de otra manera. Qué pasaría si un día dejara por un rato de ser culturalmente correcta? Qué pasaría si diera espacio a otras formas de mí misma? Qué pasaría si dejo de buscar el amor y vivo el hoy porque sí? Acaso hace falta una razón lógica para vivir algo intensamente? Acaso hace falta el desasosiego de intentar pispear el futuro incierto, para justificar la quietud de no intentarlo?. Sin duda, no intentarlo nunca será la mejor opción.

Suspiro porque me doy cuenta que me aburro rápidamente de los lamentos por lo que pudo ser y no fue. Suspiro porque no puedo evitar sonreír al imaginar esa noche de pasión que aún no llega. Suspiro porque me siento viva, aunque pareciera que a los 50 hay una escasez de felicidad y satisfacción. Y entonces me pregunto si la Generación X, somos los divorciados de la insatisfacción. Quizás esta entrada tendría que llamarse un poco de satisfacción jaja! Mucho sexo casual pero pocas nueces, eso se respira en las apps. Habrá muchas intentadoras compulsivas como yo? Mujeres que siguen intentando encontrar la cita perfecta? Esa cita que se trate de él y yo? Sin ex-mujer, sin ex-felicidad, sin ex-sueños, esa que se trate del aquí parados juntos hacia adelante, donde sea que lo compartido se dirija. Soltar amarras y disfrutar.

Me pregunto por qué después de los 40 seguimos intentando las mismas formas que nos llevaron a la infelicidad. Seremos masoquistas consumados o aún no nos desengañamos sobre que ser adultos nunca fue “tenerla clara” jaja! Les voy a contar una infidencia: la única diferencia que veo en mí entre mis 30 y mis 50, es que ahora me doy cuenta cuando se activa mi plan de escape porque hay señales de emergencia emocional. A diferencia de entonces que simplemente me desvanecía de la vida del otro, ahora puedo casi siempre sentarme el umbral de mi vida y esperar a que el terror se disipe.

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Releo este artículo y aunque hoy estoy con el corazón desgranado por estar llorando lo que pudo ser y no es, suspiro con la serenidad de que esta vez, me animé a dejar el corazón en la cancha! Abrí mi corazón y de verdad dejé entrar a ese otro que eligió deshojar la margarita con mis sentimientos: hoy te quiero, mañana no te quiero. Entonces no me quedó otra, que activar mi plan de escape dando un paso al costado para que su inestabilidad emocional no me desestabilice. Simplemente elegí irme con el dolor en el alma y un montón de caricias a flor de piel que extrañaré por un largo tiempo. Las guardé en la maleta de lo mejor que me pasó de estar viva: sentir hasta sentirme en carne viva! Las guardé para volver a tomarlas cada vez que la vida se empeñe en darme desesperanza en el amor y así poder restregárselas en la cara al destino.

Mecha

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