Hay fantasmas que parecen dejarnos su aliento muy cerca de nuestros oídos, para que los sintamos suspirar vivamente. Y entonces un gélido escalofrío nos recorre el espíritu engañando nuestros sentidos para hacernos creer que, ésta historia es igual que aquella otra que nos dió una puñalada en el corazón. Largamos un resoplido desbocado para tomar fuerza y tratar de desentrañar la maraña de sensaciones que se mezclan entre la realidad y las ideas fantasiosas que nos plantan los fantasmas del pasado.

Me pregunto si todos llegamos a la madurez con fantasmas del pasado o habrá algunos privilegiados que llegan hasta aquí sin penas ni glorias. Qué monótono debe ser ahora que lo pienso!. Quienes tenemos heridas de guerra, significa que hemos ido a la búsqueda de un gran amor, de un vuelo en el planeador de la pasión y eso siempre es más pleno, más auténtico que vivir una vida anestesiada.

tiempo

Hay momentos que podría decir que me avergüenzo de tanta experimentación sin grandes amores, me reprocho no haberme permitido enamorarme más veces porque amar lleva la maravillosa sensación de plenitud que nos inyecta energía renovadora. Suspiro porque cuando pensaba que la vida nada más podía enseñarme sobre compartir con un otro, me doy cuenta que camino senderos iluminados de nuevas sensaciones que no prestan atención a los fantasmas que me suspiran olvidos.

Acaso amar en la madurez se tratará de tomar de la mano al otro y apaciblemente entregarse a sentir, sin apuro pero con prisa por despertar cada retículo de pasión? Acaso amar en la madurez se tratará de caminar junto a ese otro que elegimos con la paciencia de escuchar los relatos sin verlos como tremendos?. Acaso amar en la madurez se tratará de mostrarnos auténticos aunque en la autenticidad corramos el riesgo de asustar al otro?.

Las preguntas sobre volver a amar en la madurez me inundan por el derecho y por el revés. Por primera vez en mucho tiempo siento que he llegado al punto justo donde quiero estar y aunque me atemoriza sentir más, la curiosidad de saber hasta dónde llegaremos es más fuerte. Es que las historias escritas de a dos tienen la inesperada ansiedad de no tener un final pre-escrito por eso cuando ambas partes desean lo mismo, así simple, sin rollos como dicen los que tienen rollos jaja! las cosas se dan, se construyen ladrillos invisibles que tienden un puente emocional. Y si, el amor es simple: es dar y recibir con generosidad.

Me pasa que hace tanto que no intentaba una relación estable, una relación con el corazón en la cancha que hay momentos en que me veo como una embrutecida mujer en el arte de seducir. Es que no hay un manual de instrucciones que, como aquellos procedimientos de Henry Ford, nos digan el paso a paso para llegar al éxito de sentirse amada y amar al otro que tenemos al lado. Tampoco hay un podcast que podamos escuchar mientras nos bañamos para no meter la pata en esta nueva relación que intentamos. La pucha! Estamos más perdidas/os que perro en cancha de bochas, jaja!

En fin, conocer a alguien que haga hablar nuestro cuerpo siempre nos hace sentir noblemente torpes porque nos atontamos por la atracción y el interés que nos despierta ese otro que tenemos enfrente. Me pregunto por qué nadie escribió algo así como el decálogo de lo que hay hacer en una relación en la madurez para sortear las piedras en el camino que nos ponen nuestros propios fantasmas del pasado. O quizás, si lo escribieron y resulta que no nos sirve porque cada interacción entre dos seres humanos es única.

Se me viene a la cabeza esa frase tan remanida: todo está conectado con todo y entonces me pregunto si el hecho que haya vuelto a escribir una carta de amor después de más de una década, es el tesoro que el destino guarda para mí. Disfruto de escribir de puño y letra las cosas que me importan porque la carta papel tiene la magia de poder se releída, una y otra vez hasta el hartazgo. En esa carta número uno como le escribí al dorso y que espero que sea la primera de muchas, me di cuenta que solemos dar por sentado que el otro se da cuenta, percibe lo que nosotros/as sentimos por él/ella.

Justo dar por sentado, es para mí como una mala palabra porque estoy convencida que cuando damos por sentado al otro, el amor muere lentamente en una agonía sin retorno. El amor se alimenta del esfuerzo, se alimenta de las ganas del encuentro y por sobre todo, se alimenta del sueño compartido de caminar a la par. Por eso cuando alguno de los dos parte de la relación, la construcción del vínculo no es posible.

irse

Hay muchas formas de irse de una relación aún dejando el cuerpo físico allí como un ventrílocuo que simula hacer lo de siempre… Algunos se van abandonando el esfuerzo de poner atención a las cosas que importan de compartir de a dos, otros se repliegan en sí mismo y ponen distancia emocional, y otros (los más visibles) eligen aturdirse con un amorío, como si el/la tercer/a en discordia pudiera salvarlos de sí mismos.

Tengo un profundo silencio en mi pecho porque aunque puse todo para que los fantasmas dejen de suspirar en nuestros oídos, el otro eligió partir. Entonces tomé mis maletas emocionales y con lágrimas en los ojos, me fuí despacito con mis tristezas, con mis alegrías y con mis anhelos a mi refugio: yo misma. Como dice el refrán cuando uno no quiere, dos no pueden.

Igualmente, me siento agradecida con la vida por haberme permitido soñar en los brazos cálidos de la pasión y por un ratito sentirme cuidada, salvada y por qué no?, amada en esta madurez tan inmadura. Ojalá que la próxima vez, podamos hacernos felices de forma más simple: dando y recibiendo con el corazón en el partido de la vida.

Mecha

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