Anoche leía una investigación de la Universidad Autónoma del Estado de México sobre las causas que llevan a la infidelidad y parece ser, que se basa en un sentimiento de carencia en la pareja principal. La verdad es que no sé si estoy de acuerdo, yo creo que en el amor siempre hay posibilidad de profundizar si prestamos atención. En la madurez le he preguntado a un par de hombres que fueron infieles seriales, si alguna vez pudieron sentir volar mientras mantenían sexo y ambos muy sorprendidos me dieron una respuesta negativa.

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De alguna manera sabía cuál iba a ser la respuesta porque para llegar a sentir volar en el momento que se comparte sexo, tiene que haber absoluta entrega, un soltar amarras sin ningún tipo de reticencias, un disfrutar plenamente cada caricia de nuestra pareja, un dejar la mente en blanco para dar lugar al otro en nuestra mente extasiada. Los pensamientos de ambos se entrelazan en un fluir que no precisamos tener agarrados a ningún sentimiento de carencia. Es un momento adonde por unos segundos es como si planeáramos en el vacío, una sensación maravillosa que requiere de una total entrega sin retenciones.

Esto me lleva a reflexionar sobre el lugar que le damos o que no le damos al sexo en nuestra vida. Creo que hay un tema central a elaborar para poder disfrutar de compartir sexo con alguien y tiene que ver con despojar nuestra mente de pensamientos de retaceos emocionales. El poder disfrutar del sexo tiene una íntima relación con la capacidad de disfrutar casi cualquier cosa en la vida, está relacionado con tomar ese afecto, esas caricias, esos abrazos, esos roces de piel contra piel y simplemente creernos que nos lo merecemos.

La cuestión del merecer disfrutar de algo tan placentero como el sexo, dónde nuestros mundos emocionales hacen explosión, es el antihéroe de los pensamientos de escasez de amor y cariño. Me han preguntado si yo puedo compartir sexo sin amor porque los hombres pareciera que desde muy jóvenes adquieren esa habilidad. A lo cual respondí: si claro!. Al inicio de cualquier relación no hay amor: hay emoción, atracción y ganas de estar juntos pero no hay amor en el sentido poético de permanecer en la vida del otro por un largo tiempo.

Lo interesante de encontrar hombres que han sido mujeriegos a lo largo de su vida es que después de los 50 pareciera que se encuentran en un signo de interrogación. Ni siquiera haber satisfecho sus impulsos sexuales pareciera que los mantiene en la línea de sentirse plenos de manera sostenida. Entonces, me parece que una pregunta valedera a hacerse es cuál es el origen del deseo sexual, es decir con qué se asocia internamente en cada persona? Yo estoy convencida que el fin último del sexo es una búsqueda inconsciente de apego emocional, de estar en un lugar de relevancia para el otro. Cuando ese lugar de relevancia se convierte en un ladrillo puesto en nuestra pared emocional, cuando el otro presupone que siempre vas a estar allí sin importar lo que haga, es cuando alguno de los dos comienza a irse de la relación.

Por qué hay tantos pensamientos de escasez sexual en la cultura occidental y por qué la cultura oriental pudo escribir el Kamasutra? Creo que en los orientales han encontrado la sabiduría de comprender que el acto sexual como tal, es una instancia que permite explorar los estratos emocionales del otro. Si quitamos la necesidad de controlar los pensamientos, si dejamos de estar alertas de lo que el otro nos va a hacer o decir, si soltamos los miedos a sentir; entonces solo entonces, podremos sentirnos libres de amar al otro en ese instante. Eso nos remite a las diferentes acepciones que tiene el amor para ambas culturas: en una dominada por un sentimiento de escasez y en la otra por un sentimiento de abundancia.

Mi sensación es que quien no logra sentir un profundo placer al compartir sexo con otro, es como si internamente su impulso de retener lo que siente fuera más fuerte que la necesidad de dar al otro, como aquel concepto errado de sólo dar amor a quien se lo merece. Cómo saber quién se merece o no que le demos una caricia, un beso, un abrazo si no intentamos hacerlo y dejarnos sentir lo que tenga que surgir?.

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En mi opinión, el momento de compartir sexo es el momento de dar y recibir afecto aún a una pareja ocasional. Alguien me preguntó cómo logré ser una mujer con una mente abierta habiendo crecido en una familia religiosa, a lo que yo me encogí de hombros y le dije: supongo que siempre me pregunté muchas cosas y siempre fuí rebelde respecto de aceptar los mandatos familiares y sociales. Y algo de eso hay… si vivimos la vida con el libreto que nos dieron sin cuestionarlo, buscaremos en la página de la infidelidad y nos diremos para nuestros adentros ah acá lo dice, el infiel es siempre infiel.

Me cuesta creer una reflexión tan simplista porque nada es para siempre, la vida es un aprendizaje y quienes por conveniencia plantean el postulado de la poligamia, tienen el talón de Aquiles de que les funciona sólo cuando ellos son los protagonistas. Es que ser infiel es de alguna forma elegir diferente sin evaluar los costos sobre la relación que se tiene por principal. En cierta forma, ser infiel es un aborto emocional y esto nos remite a la cuestión de cuál es su costo en el terreno de lo que es invisible a los ojos.

En este orden de cosas la pregunta fundamental no es si disfrutás o no del sexo, sino si en tu vida hay cosas que disfrutás por el simple hecho de sentir placer al practicarlas.

Mecha

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