Siempre pensé que en la vida hay vínculos invencibles, hay puentes emocionales que tendemos con nuestras/os hijos/as, nuestras parejas, nuestras/os amigas/os que tejen códigos incorruptibles. Son lazos invisibles que ayudamos a fortalecer con actos cotidianos espontáneos, con palabras que acarician el alma, con abrazos que sanan las heridas del corazón.

Ser madre abrió mi cabeza de una forma que nunca pensé que ocurriría. Desde hace mucho tiempo siento que soy una hacedora de mi destino, que puedo elegir, que el futuro es el presente de hoy visto mañana. Sin embargo, al ser madre supe que la naturaleza me dió algo de descontrol con el cual debía aprender a convivir sanamente. Ya no era sólo responsable de mí misma, sino también de dos personas que fueron desarrollando su personalidad independientemente de mí.

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Entonces aprendí que los seres humanos no somos como las máquinas de inteligencia artificial a los cuales les cargamos los programas adecuados y aprenden rutinas. No podemos meternos en el disco rígido de nuestras/os hijas/os, sólo podemos indagar, acompañar, dialogar para intentar descifrar sus pensamientos. Mucha gente cree que cuando sus hijas/os lleguen a la adultez tendrán la medalla de graduación de buenas/os o malas/os madres/padres porque si ese ex-adolescente logra mantenerse sola/o, logra estudiar y sentir suficiente felicidad en su vida la función materna/paterna fue bien cumplida.

Yo comienzo a preguntarme si es así o mis hijos desde chicos fueron tomando sus propias elecciones y yo soy algo así como un pilar en medio de la niebla, una balsa de salvataje. Y si aunque me desespere por intentar que no tengan el más mínimo sufrimiento, ellos consciente o inconscientemente traen a su realidad lo que precisan aprender?. De lo que sí estoy segura es que cuando un hijo sufre, el tiempo parece ralentizarse hasta el punto de sentirlo en cámara lenta, sin duda el tiempo parece transcurrir más lento de lo acostumbrado.

Hay decisiones y direcciones que he tomado en esta etapa que para otros resultan abrumadoras, será por eso que recuerdo a menudo esa frase de Richard Bach: justifica tus limitaciones y ciertamente las tendrás. Pienso que en la vida las cosas se nos presentan para que aprendamos algo y si a mí me tocó batallar en tormentas emocionales sola con mis hijos , será que tengo en algún lugar de mi mente la sabiduría necesaria para llevarlas a buen puerto.

Alguien que conoció a mi hijo menor me dijo algo así como que tenía que resignarme con que sus logros fueran pocos en la vida, no lo dijo en esas palabras pero de alguna manera encerraban ese mensaje. De hecho hay dos personas que opinan que la solución para salir de su atoramiento emocional es negar parte de nuestra realidad familiar y por primera vez, pude plantarme en una posición crítica con el desparpajo de mi intuición maternal. En fin, ellos quieren hacer una cirugía emocional menor y yo estoy dispuesta a una cirugía reconstructiva integral.

Si algo aprendí en la madurez es a no apresurarme a ir a ningún lado, no tiene sentido y es seguro que encallo en la piedra menos pensada. Otra persona me dijo que estoy en rebeldía contra el clan familiar, jaja! Nada más acertado: seremos diferentes, seremos distintos y por sobre todo seremos auténticos. Me cansé de intentar atrapar certezas efímeras, dejé de prestar atención a la ignorancia ajena, me fatigué de comprar recetas de galletas de la fortuna y por eso, si he de equivocarme como madre que sea con el visceral convencimiento de que mis hijos fueron libres de elegir su propio destino.

Que son jóvenes? Que no saben nada de la vida? Pero si se mantuvieron bien vivos hasta ahora! Creo que me equivoqué al dibujar en mi mente un futuro para ellos porque de alguna manera lo que sí logré es que se sientan libres de ser ellos mismos para bien o para mal. Me agarro la boca dándome cuenta que si se equivocan en lo que decidan ser, en lo que quieran convertirse, casi lo único que puedo hacer es tenderles un puente emocional que forje un vínculo invencible.

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Quizás lo mejor que puedo mostrarles sea que nunca dejen de preguntarse cosas, quizás yo no llegué a sus vidas para enseñarles nada sino por el contrario para aprender y en ese andar, educarlos lo mejor que puedo. Así humana, así emocional, así pasional como me dicen que soy, como ni me doy cuenta que exhalo desde lo más profundo de mi espíritu.

Ojalá pudiéramos regalar cajitas de herramientas emocionales, sería fantástico poder dejar en un lugar de sus mentes el amor que les tenemos para que sea su barrilete cuando algo no sale como esperaban; sería fantástico tener una espada mágica para cortar los vínculos que lastiman o una poción del olvido para dejar atrás los dolores sin sentido. Un barrilete, una espada mágica y una poción del olvido.

Eureka! Eso es! Una cajita de herramientas emocionales para navegar el desafío de vivir tan felices como imaginemos y tan ardientemente vivaces como sintamos.

Mecha

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Punto de origen para el sexo

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