Suena fuerte del título, lo sé. Es la frase que se me viene a la cabeza cuando me topo con una mujer de más de 50 y me dice frases como ya está, no quiero saber más nada con los hombres, siempre elegí mal mejor si estoy sola. Se me viene esa frase porque la soledad como elección es un camino de introspección que nada tiene que ver con el padecimiento. Cuando alguien me dice algo así, escaneo su rostro en busca de algo de armonía, de paz pero sólo encuentro pesadumbre. Entonces darse por muerto/a en el amor es una decisión errada porque es una elección despechada.

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Quizás son mujeres que se han refugiado en los mandatos sociales, pensaron que en la vida ya fueron merecedoras del amor de pareja que les tocaba… un matrimonio, dos matrimonios, tres amantes. Listo, más hombres en su vida será que piensan que se verán como putas? Yo me pregunto y a quién le importa? Acaso la putez es un algo que se nota a flor de piel al morir y cuando se está en el cajón bien muerta, aparece en la frente un cartel que dice “fue muy puta”? jajaja! Me río por lo ridículo.

Es cierto que entre los cincuentones de la Generación X, hay unos cuantos machistas que se trastornan con tratar de medir el nivel de putez de sus parejas actuales. Me divierte escuchar historias femeninas de las mentiras que dicen, cuando un hombre se pone insistente con el pasado tratando de medir su nivel de putez.

En este momento se me viene a la cabeza un chat que le escribí, hace algún tiempo, a un cómplice de recreos especial: estábamos en una conversación sobre una foto en la que estoy con un vestido que tengo desde mis 25 años como un emblema que se puede entrar en esa piel joven. La conversación era de lo más común:

Y me dije, en esta etapa quiero alguien en mi vida con el cual poder compartir una vida social donde este tipo de vestuario no sea una rareza de tanto en tanto. Con el cual sintonicemos formas de ver la vida y disfrutar, ir a fiestas, asados, comidas con amigos…
Todas cosas que yo nunca pude compartir hasta ahora con una pareja y me encantaría.
Apoyarnos en las cosas importantes.
Y todo para qué?
Para tener el mejor sexo todos los tiempos jajaja!

Por supuesto me mandó una larga lista de jajaja! y emoticones llorones de risa. Ahora volviendo a la realidad, lo dije muy en serio porque creo que nadie debería renunciar a una caricia, un abrazo, al deseo de ser amado por alguien… sin importar la edad. Me resisto a la idea de que el deseo se va luego de los 50 por una cuestión fisiológica, acaso como especie no nos venimos adaptando desde hace millones de años? Estoy convencida de que existe un mandato que vive en el inconsciente colectivo sobre que en la madurez no se juega el juego de la seducción, no se juega a disfrutar un abrazo, una mirada pícara y simplemente podemos ser feliz con poco, con que esa pareja de tantos años nos tome la mano, nos soporte en lugar de elegirnos desde un lugar de placer.

Con una mano en el corazón me resulta impensable conformarme con no ser amada, prefiero mil aventuras que una relación estable donde me sienta marchitada. Eso sería despertar cada día con un baldazo de agua fría lleno de falta de deseo del otro por mí… en fin, una decepción constante. Qué espanto! Esa falta de deseo socava lo más profundo de nuestras entrañas!. Acaso se puede ser feliz sin pasiones? Acaso es posible ser feliz en el conformismo? Acaso vivir cómodo es la recompensa esperable en la madurez?.

Me resisto a resignarme a ser más o menos feliz en la madurez, prefiero cualquier vida menos una en que me den por sentada, en que no exista nada que me sorprenda en los próximo 30 años. Me tomo un segundo de reflexión sobre la capacidad de amar la imperfección y pienso que quizás por eso confundimos resignación con amar lo imperfecto. Me arropo sobre los pensamientos que amar en la madurez es el desafío que me puesto por delante.

felicidad

Invariablemente retumban en mi mente ese imaginario colectivo que a los 50 hay que apurarse para amar porque el tranvía de la vida se va. Acaso los hombres no envejecen? Acaso nuestra mirada de la belleza no va mutando con el paso del tiempo? Claro que si, por eso insisto en que nadie debería renunciar a un buen beso, a una caricia o a un abrazo de alguien que nos puede encender la pasión.

Quizás la memoria sea como jugar a la escondida. Cuanto más lejos estemos de aquel momento sublime en que recibimos: una mirada profunda a los ojos y una caricia con la ternura de la inocencia, más inertes sentimos la pasión en nuestra vida. Una pregunta repica en mi mente como campanas de un campanario encantado: por qué la madurez parece estar signada por un sentimiento colectivo de escasez?.

De lo que sí estoy segura es que el cuerpo envejece más cuando el alma se marchita, hay quienes mantienen la menta joven y su cuerpo parece resistir el paso del tiempo; hay quienes se dieron por vencidos y su cuerpo parece en una franca decadencia y hay quienes logran de alguna manera mantener el equilibrio perfecto entre experiencia y pasión.

Hay un refrán que dice no está muerto quién pelea, por eso les propongo traer a flor de piel la última vez que sintieron que su corazón se aceleraba a medida que se acercaban a alguien que las/os hacía sentir vivos. Y si nunca lo sintieron, qué esperan para intentarlo? Acaso dos, tres, cuatro décadas no les alcanzará? Abandonen la imbecibilidad de estar muertas/os ya y anímense a conquistar la algarabía de escribir una historia de a dos!.

Mecha

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