Ideas que revolotean sobre mi cabeza no dejan de aparecerme, una y otra vez, cuando pienso acerca de las miradas amorosas sobre el lugar que ocupa una pareja en nuestra vida. Ese es el momento en que se me graban a fuego palabras que me dijeron: “hay dos maneras de ver una cama de dos plazas: como que falta alguien o que es más cómoda”. Recordar estas sabias palabras me lleva a otra imagen mental … tal vez ver una cama matrimonial como ausencia de alguien, diseña un perfil sobre la significancia del amor. Y quizás ya sea momento de cuestionarlo.

mujer-triste-cama

La idea de amor incompleto relatado en el mito de la media naranja o las ideas que para ser feliz hace falta encontrar el amor de la vida, llevan a una idea de amor donde el poder sobre el vínculo con ese amor es totalmente exógena a nosotros. Se me forma la idea de que alguien que ve una cama de dos plazas como falta de alguien, siente la pulsión de llenar ese espacio como si el amor se tratara de tapar agujeros emocionales. Me imagino un techo con agujeros y alguien tratando de frenar los sentimientos de soledad con las manos. Aunque no queramos si vemos el amor como una carencia, la soledad nos hará mella como agua que se escurre por nuestros agujeros emocionales.

Me rehúso a pensar una cama de dos plazas como carencia de algo, la pienso como un lugar confortable para dormir y eventualmente poder compartir con alguien que me guste. jaja! Con esto no estoy diciendo que nunca me sienta sola, claro que lo hago pero no intento tapar mi soledad con una pareja porque creo que esa persona tiene que estar en mi vida por elección, no por resignación.

Justamente la resignación es un virus que ataca directo a la sensación confortable que generan los sentimientos relacionados con la felicidad. Supongamos que conocemos a alguien que realiza un deporte que le apasiona y eso hace que tenga un par de días de la semana ocupados. Supongamos que además ese alguien tiene hijos que están con él parte de la semana. Supongamos que nosotros no hacemos ninguna actividad extra más que trabajar y ocuparnos de nuestros hijos. Adónde quedaría espacio para un encuentro amoroso? Sería como a los 30 que después de un tiempo nos veríamos casi todos los días? O más bien, sería como un recreo de todas las obligaciones y actividades dos o tres veces por semana?. Planteo esta situación hipotética porque tengo una familia monoparental y es sorprendente la cantidad de veces que me han planteado: cuándo tendría tiempo para ese otro que por ahí ni conocí personalmente, jaja! Es tan ridículo el planteo que hasta me sonrojo al recordarlo. Otra vez la conexión parecería encarada desde la carencia, ataco la posible ausencia en lugar de imaginar lo que sí se podrá compartir. Es como si el otro sin casi conocerte o antes de haber averiguado si la alquimia de la atracción se despierta te dijera vale cuatro (la apuesta máxima en el Juego del Truco).

cama_matrimonial

La idea de pareja como inundación siempre me ha espantado porque me resulta como algo que termina siendo pegajoso. Esa idea que para ser feliz en pareja hay que compartir TODO es anacrónica, es una idea de felicidad con una mirada inmadura y poco realista. La felicidad se manifiesta en múltiples facetas de nuestra existencia: cuando compartimos una charla con un/o hijo/a, cuando nos reímos con un/a amigo/a, cuando nuestra pareja nos regala una noche de pasión o simplemente cuando nuestra mirada encuentra la de alguien más.

Diría, casi sin temor a equivocarme, que pensar la pareja de esa manera termina siendo agotador para alguna de las dos partes. Es saludable que cada uno en la pareja tenga sus propios espacios, que su círculo de relación no se limite a la familia y la pareja. Es saludable que no represente un conflicto que el/la otro/a vaya a divertirse haciendo una actividad que le apasione. Es saludable no claudicar aquellas cosas que nos abrigan el alma y que nos definen porque nos hacen sentir plenos.

Algunos/as dirán: pero esta mujer piensa que la pareja tiene que quedar en el último lugar de los compromisos! En mi mente no hay una escala calificadora pero sí estoy totalmente convencida que en la madurez todos/as tenemos cosas que sentimos como irrenunciables y veríamos como una carencia dejarlas de hacer. Es un tema que da para largo pero basar el bienestar de uno/a orbitando en la vida del otro siempre termina siendo asfixiante para quien es el sol de la relación. Tarde o temprano la relación se desgasta porque hay alguien que quiere hacer determinadas cosas que disfruta y alguien que hace berrinches para que no lo siga haciendo. Nuevamente me vuelve la idea del amar con correcciones que una buena cantidad de gente practica. Desde mi punto de vista, a la larga o a la corta, alguien termina agotado por intentar ser lo que no es.

Justamente, amar a alguien se trata de dejarlo ser en su esencia y poder acordar puntos de encuentros como si fuera una carrera de postas. La realidad es que se pueden encontrar momentos de disfrute cuando se deja espacio al deseo y al querer compartir tejiendo un vínculo de a dos. Es mucho más sano enfocar nuestros esfuerzos en disfrutar cada minuto compartido que enfocarse en lo que él/la otro/a no puede darnos porque exigimos algo que no está disponible.

Y Ustedes cómo ven una cama matrimonial? Si cerraran los ojos y se sinceraran consigo mismos cuál palabra les vendría a la mente: comodidad o ausencia?.

Mecha

Ver entrada anterior:
La edad de las carencias

Ver entrada anterior:
La imbecibilidad de estar muerta