Esta semana alguien conoció un poco más de mi realidad y me dijo muy sorprendida: ah, pero yo ni me imaginaba que tenías tantas dificultades! Es que siempre te veo con una sonrisa. Me río porque en unos minutos le agoté el cerebro, eso si con una sonrisa y le expliqué que tengo todos los frentes encaminados, entonces por qué me haría problema. Ella insistió atónita: pero es que evidentemente sos muy fuerte emocionalmente porque mirá cómo te tomás todo esto, con tanta templanza. Esa sería la palabra adecuada aunque no es la que dijo.

Tomo aire para explicar lo que pienso y en lo que creo desde otro ángulo: fervientemente creo que nada es imposible cuando hay suficientemente amor. De tanto en tanto, les pregunto a mis hijos mirándolos a los ojos: sos feliz? Algunas veces me miran como diciendo: ahí viene con esas preguntas raras, jajaja! La última vez que le hice esa pregunta a mi hijo menor, me preguntó: por qué siempre me preguntás si soy feliz? Sonreí y le respondí: porque si sos feliz puedo sentir que cumplí mi objetivo como madre.

Esto me recuerda a un hombre casado que me crucé en una de las apps… resulta que había perdido la pasión por su esposa a la cual seguía amando y quería volver a sentir la adrenalina de la pasión, pero por un rato. Parecía un buen tipo así que charlé bastante con él aunque nunca lo conocí en persona porque no me interesaba enredarme con alguien en pareja. Una vez hablamos de mi teoría sobre los problemas con el deseo de las personas mayores de 40 y que, desde mi punto de vista, coincide con que son personas no tienen pasiones en sus vidas. Como si vivieran la vida como algo inevitable, sin poder cuestionar absolutamente nada. Entonces le pregunté si alguna vez se había preguntado qué quería para los próximos 20 años en su vida o qué cosas lo apasionaban, me contestó que nunca se hacía esa clase de preguntas.

Solemos imaginar que las demás personas ven el mundo tal como nosotros lo vemos y no es así. Si bien me percato de que soy especialmente optimista aún en situaciones donde no cabría ni pizca de visión positiva, me cuesta comprender a las personas que responsabilizan a circunstancias ajenas u otras personas de la vida que transitan. Supongo que hacerse cargo de la vida de uno/a, requiere de una cierta dosis de valentía y no todos están dispuestos a descorchar la botella de la perseverancia que requiere la auto-reflexión.

Hace mucho tiempo que siento en cada poro de mi ser que la base de la existencia son: el amor y estar en eje con uno/a mismo/a; tal como lo plantean varios gurús alrededor el mundo. Hoy a la mañana miraba un video de un hombre que subió el monte Everest sólo vestido con ojotas y un traje de baño. Mi admiración más profunda por ese hombre que logró domar a su mente de tal manera que logró, en una situación extrema, controlar la temperatura de su cuerpo. Suspiro para preguntarme si también podrá controlar su pasión o tendrá la grandeza de darle rienda suelta.

Esto me remite a que hay muchas cosas que integran nuestra identidad con origen en nuestro cerebro y las elecciones automáticas que tomamos. Por qué puedo ser tan optimista hoy? Porque hace mucho tiempo que elegí no perder el tiempo con pensamiento negativos, los echo de mi mente como cuando tiro un residuo a la basura. No es que nunca me sienta desdichada, por supuesto que sí pero en esos momentos dejo mis emociones fluir, lloro lo que necesite llorar, me levanto y sigo adelante.

Ya no me resisto ni a las equivocaciones, ni a la tristeza, ni a sentirme vulnerable porque sin importar qué, arrebaté la certeza a la vida de que todo pasa! Aún así, vengo de un período donde me cuesta no aburrirme de iniciar contactos efímeros en las apps, me cuesta entender la dinámica del flirteo a esta privilegiada edad. Ya vivimos lo suficiente para saber que la felicidad es algo que podemos alcanzar y aún tenemos unas décadas para elegir a alguien con quien compartirla.ser-feliz-pareja-social.jpg

Se me viene a la cabeza el arquetipo de que es triste envejecer sólo, yo pienso que lo triste sería envejecer sin intentar elegir la vida que queremos, sin intentar compartir una caricia, un momento, un abrazo con alguien que queremos. Después de todo, mis batallas las iré a ganar, perder o empatar sola; el tiempo dirá si mis metas como madre o como mujer se cumplirán o se cumplieron.

Lo interesante es que no me resigno a cambiar el hecho que aunque acumulo varias docenas de citas infructuosas, es como si intentara sacarme la lotería jaja! Un día de estos se que sucederá, encontraré la sandalia para mi pie descalzo. Me pregunto si la receta para ser feliz está guardada en algún museo expuesta como una rareza o simplemente la fantasía de la felicidad constante empaña la felicidad vivida por cada quien en momentos compartidos. Y vos: sos feliz? Y si no lo sos, qué esperás para serlo?

Mecha

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