Hoy es uno de esos días montaña rusa, uno de esos días en que me levanté contrariada por la vida que se empeñó en desquiciarme un poco y lo terminé bailando al ritmo de una canción pegadiza. Amo estos días porque comienzan siempre lamentándome por los obstáculos y los termino como si estuviera echada en la hierba de un campo soleado moviendo las manos y los pies de felicidad.

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Es como si la chica maravilla se me hubiera metido en la piel! Es que un amigo me sostuvo en su oído lo suficiente como para hacerme reír de mis desventuras y con ello relajadamente olvidarme de ellas. Siento un agradecimiento incomprendido porque cuando se me da por caer en denodados intentos por autocompadecerme, de alguna manera siempre llego al recuerdo de la genialidad de ser feliz con pequeños momentos compartidos.

Sacar el velo de tremendo a la desavenencia y elegir renunciar a ciertas comodidades en pos de mejorar a largo plazo, me obliga a repreguntarme qué necesito para ser feliz? Acaso que alguien me pague una cena me hará feliz? Acaso que alguien me diga que me quiere me hará feliz? Acaso decirle a alguien que lo amo me hará feliz? Meneo la cabeza cayendo en la cuenta que olvidé lo esencial porque la felicidad no se cuenta en monedas ni en palabras, la felicidad se cuenta de momentos compartidos con un/a hijo/a, con un/a amante, con un/a amigo/a… en fin, con alguien que nos importe.

Perder privilegios me recordó que preciso ir a lo simple para encontrar mis respuestas y plantar un lucero en el camino que les señalo a esos amados retoños que me llenan de interrogantes pero también me alimentan con tanto amor sin correcciones. Si, eso mismo, sin correcciones porque acaso el amor filial no es el primer amor que nos elige cómo somos? Quizás deberíamos aprender de ello para entender la simpleza de encontrar felicidad en los actos espontáneos de cada día.

Perder privilegios me recordó que la vida no siempre es como queremos en el momento que queremos pero que podemos elegir ponernos el piloto y caminar bajo la lluvia con el ventarrón en contra en lugar de quedarnos guarecidos y estáticos en lo seguro. Y por sobre todo me recordó que las crisis pueden ser excelentes oportunidades para transformar la realidad y crear el porvenir que esperamos.

Nada es para siempre: ni la felicidad, ni la amargura, ni la infelicidad aunque hay quienes parecen tomarse las cosas muy a la tremenda, como si las cosas materiales fueran amores que parten en tren a un destino del cual nunca más volverán. Recuerdo un cartel que vi por internet de una estación ferroviaria: atención después de un tren viene otro. Me causó mucha gracias por lo obvio, lo cual me remite a la cuestión de que hay circunstancias en la vida donde las mejores decisiones, las reacciones más certeras las tomamos cuando “no nos queda otra”, en otras palabras cuando sentimos que nos hemos quedado sin otras opciones.

Mature embracing Bondi Australia

Celebro que luego de una semana huracanada, hoy estoy aquí con una sonrisa contando que soy feliz por haber mudado de vibración a una menos terrorífica. Siento el pecho lleno de gratitud por ese hombre que por un rato, me tuvo en sus manos. Miro con esperanza la mirada intrigada de alguien que al pasar miró con interrogación mi sonrisa mientras escuchaba música con mis auriculares. Lo miré con ensoñación y le regalé una amplia sonrisa junto con un saludo, nada más eso provocó en él una sonrisa similar para luego desvanecerse. Maravilloso centésima de conexión cósmica.

Trato de imaginar lo que el camino del devenir me depara en la siguiente estación, sacudo la cabeza divertida al caer en la cuenta que eso no lo puedo predecir. Vuelvo a lugares comunes para preguntarme si preciso imperiosamente sentirme elegida o elegirme. Sonrío con picardía para interrogarme con esa pregunta simple, esa obvia: será que yo me elegiría? La mayoría diría instantáneamente que sí y trataría de sacar de la galera las virtudes que cree tener. Vamos!! Tengamos un rapto de sincericidio, si no nos conociéramos y fuéramos un/a extraño/a con el/la cual nos topáramos por la calle: nos elegiríamos como pareja? Y si no nos elegiríamos, qué estaríamos dispuestos/as a modificar para ser más elegibles para nosotros/as mismos/as?.

Con una mano en el corazón yo hay días en que no me elegiría, ja! Y otros días en que saldría corriendo por la calle escuchando en mi cabeza la canción más energizante que conociera con los brazos abiertos mirando al cielo y girando hasta que caer mareada de tanta energía en el césped húmedo. Toco mis manos para imaginar cómo sería llegar justo adónde quiero llegar en materia de amores: el corazón del Minotauro. Lo imagino para sentir que puedo elegirme no para siempre, pero si por hoy, desde lo profundo del laberinto de mi corazón.

Mecha

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