Hace un tiempo que me pregunto sobre la razón de que haya personas que activen en mí la condescendencia extrema, al punto de parecer tener en mi boca dos cintas adhesivas en forma de cruz impidiendo decir lo que realmente pienso. Cuando me encuentro con alguien que me estafa emocionalmente, quedo durante un tiempo, suspendida en un estado de shock: anonadada, como si parte de mi cerebro le preguntara al otro: pero cómo? Es éste ese tipo esbelto de la foto que me llegó por whatsapp hace 48 hs? Es éste el seductor de anoche? Mientras la otra parte de mi cerebro, estoica mantiene la compostura disimulando la diferencia entre la expectativa y la realidad. Una parte de mí se resiste hábilmente a creer que aquel hombre que me entusiasmó conocer en el chat antes, sea este otro que tengo enfrente por lo poco que tiene que ver con el relato imaginado. Y la otra parte de mí intenta encontrar respuestas sobre lo que no vi, porque si de algo estoy segura es que para que haya engaño tiene haber ganas de creer.

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Más allá de eso, me salgo del rol de víctima emocional estafada y me pregunto qué cosa no estoy pudiendo aprender porque estoy completamente convencida que en la vida las únicas cosas que se repiten en forma indefinida, son aquellas de las cuales debemos aprehender algo. Así raro, así difícil de ver a primera vista, así espontáneo desde el alma cómo le pasaba a ese hombre en la película “El día de Marmota” que siempre se despertaba en el mismo día hasta que aprendió a que amar es dar sin esperar algo a cambio.

Cuando una situación de decepción se repite en mi vida, una y otra vez, me siento en ese árbol de mi existencia adónde se refleja el sol de mis sueños y reflexiono qué estoy pasando por alto respecto de las cosas que me hacen feliz sin esfuerzo. Suspiro hondo e intento traer al primer plano de mi mente la última vez que mi corazón latió desbocado por un amor correspondido. Suspiro y me susurro al oído que tengo que salir fortalecida de esta crisis de fe para lograr esta vez romper el hechizo de la repetición.

En esta etapa de esta vida estoy desarrollando la idea de que sabemos más de lo que verbalizamos, sólo que quizás estemos en una era donde tengamos que aprender a decodificar los mensajes de lo invisible, permitirnos aceptar lo sensorial como parte de nuestras verdades. Se han preguntado por qué al estar en un chat con alguien se les viene de repente un determinado pensamiento que puede resultarles perturbador? O por el contrario, una frase que escribe los teletransporta a esa noche mágica que vivieron con alguien a amaron?. En fin, ando construyendo la idea de que esas apariciones mentales no son fortuitas, vienen de algún lado…y yo creo que vienen del mismo lugar donde florecen los sentimientos, un plano intangible de nuestra existencia: nuestra otra existencia.

Nuestra otra existencia, un plano de nuestra vida que forma parte de quienes no vemos que somos pero que expresamos.  Me he empezado a preguntar qué pasaría si fuéramos a lo simple y sencillamente quitáramos las palabras que sobran, si siguiéramos esas señales que, como un laberinto, se van tejiendo en las conversaciones?  Me he empezado a preguntar si pudiera tener un decodificador mental que resalte las palabras semáforo y las analice para volver a analizarlas. Me he empezado a preguntar por qué hay situaciones triviales con ilustres desconocidos que me han llevado a sensaciones de recogimiento.

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Se me ocurren ideas inexplicables para estos fenómenos sin ninguna base científica pero que pueden ser tan reales como cualquier otra, lo que único que siento como un hilo conductor es que todo está conectado con todo. Y si no solo fuera una jugada de mi mente? Si eso que me llegó fuera una onda cuántica que llega de la otra persona? Cómo sería la manera correcta de decodificarla y que no me produzca sensaciones de penuria? Acaso sería correcto intentar convertir ese recogimiento en bienestar? Mi mente es una caja mágica en expansión que espera siempre seguir aprendiendo de si misma.

Hace unos días me encontré con una conocida que hacía tiempo que no veía y que hace poco ingresó a las benditas apps de citas, lógicamente me preguntaba sobre mis experiencias dado que hace más tiempo que las frecuento. Como sea… ando bastante despistada con esto de las apps: pasé de encontrarme con un par de tipos que querían llevarme al boliche swinger a otro que, de buenas a primeras, me dijo que era un ser de luz y yogui la mayor parte del tiempo. Como no podía creer lo que me estaba diciendo, tan suelto de cuerpo, le pregunté a Google que era un ser de luz… en fin, se me hace que este muchacho era como mi padre: cuando lo había dejado mi madre decía que por amor había hecho voto de castidad y tenía una fila de mujeres queriendo conquistarlo. jaja! En fin, hay cosas que cuando son, está demás mencionarlo…sino son sólo formas retorcidas de narcisismo.

Mecha

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