Cuando se viene de una larga caminata en pareja, la vida parece un vitraux que nos muestra la realidad pixelada, hay días que vemos el brillo de nuestros deseos refulgir y hay otros días, en que pensamos, que queremos estar en un lugar inalcanzable. Pareciera que perdimos la brújula y nos quedamos en la encrucijada de la vida preguntándonos para adónde ir.

Cuánto más tiempo transcurre desde que dejamos atrás aquella relación, más extrañamos escribir un “nosotros”: anhelamos la mirada con la caricia sobre nuestro rostro, el abrazo con ternura y también el beso con pasión, por supuesto con alguien que aún no conocemos jajaja!. Ese/a último/a, lo/a dejamos atrás para nunca más volver.

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Al decirlo un cúmulo de emociones abarrotadas se me vienen repentinamente al pecho y se me escapa un suspiro profundo al imaginar las sensaciones que me apasiona alucinar que volveré a sentir. Me fascina la idea de desafiar el tiempo y los paradigmas erróneos de los que claudican el deseo en el madurez. Cierro los ojos e inevitablemente se me dibuja una sonrisa pícara y los ojos se me vuelven transparentes al imaginar mariposas en la panza.

Me divierto al punto de soltar una carcajada silenciosa cuando caigo en la cuenta que toda mi vida he disfrutado de hacer posible mis utopías. Acaso escribir una historia con pasión, complicidad, el polvo mágico de la diversión será un regalo que espero de este mundo que algunas veces me exaspera?

Hay momentos en que me pareciera un círculo vicioso, donde mis deseos están en el centro y no se tocan con las realidades que me envuelven. De repente conozco un hombre encantador y su vida de desencuentros hace que la posibilidad de conocerlo más se dilate o hasta quizás se diluya. Me reprocho palabras que debí callar y también palabras que debí decir en lugar de ellas, repaso mentalmente la última cita sólo para volverme a preguntar una y otra vez qué hice mal.

Toco mi labio superior en el centro con mis dedos, retengo la respiración y me pregunto si estoy buscando a un hombre inexistente, si aquellas que están en pareja se conforman con ser elegidas y soportan cosas que no desean para sí mismas… Sacudo la cabeza porque tuve un deja vú, me invade el recuerdo de haberme hecho esta misma pregunta hace mucho tiempo atrás.

Cuando me cansé de buscarlo, me rendí harta de una búsqueda infructuosa, la magia apareció y me enamoré otra vez. Me resisto a hacer caso a la frase trillada: no hay que buscar, cuando llega, llega porque en la vida siempre he alcanzado logros en base a reintentos: uno, diez, cien, mil y un día: eureka! Sucede eso que venía intentando y asombrosamente sale bien!!

Ya pasé por el hartazgo de esta soledad que no quisiera seguir eligiendo, ya pasé por el portazo a las apps como si pudiera gritar el silencio al ciberespacio estoy cansada de buscar a ese hombre que no encuentro. Es como si estuviera sentada en el umbral de mi vida, en los escalones de la verdad, con las rodillas juntas y los pies separados como si se hubieran dado por vencidas. Vuelvo a suspirar más suave pensando una estrategia para no hartarme de imaginar, un lugar que se me escapa de entre los dedos.

Un amigo me dijo: pero qué mala suerte la tuya no viendo su propia suerte jajaja! Mucho ruido y pocas nueces en estos tiempos online, muchas palabras lanzadas como cohetes al ciberespacio pero pocas coincidencias en el fluir sin esfuerzo. La verdad, no creo en la suerte porque creo en hacer mi propio destino y es ahí donde se complica tejer de a dos, jajaja!

Intentar conocer a alguien que me arranque un suspiro y me regale un día después pensando en él, ya se que tiene sus riesgos pero la puta que vale la pena estar viva!! Quisiera no hartarme pero lo hago, me pregunto si me apresuro, me atosigo con lo que podría haber sido y no fue, me revelo ante lo evidente y cuando todo ello no funciona para hacerme sentir balanceada internamente, me olvido por un momento y sigo adelante en piloto automático.

mirarse a los ojos

Alguien me dijo sobre las diferentes etapas de su matrimonio: al principio la pasaba mal, después me acostumbré a pasarla mal y al final era insoportable. Creería que para todos los divorciados fue, más o menos, similar por eso ahora queremos algarabía, jajaja! Esta semana un hombre que casi ni chatée me escribió para avisarme que no me había llamado el día que me había dicho porque se había entusiasmado con otra mujer.

La verdad es que me puse contenta, no importa en qué resulta, siempre entusiasmarse con alguien recupera un poco de ese lado lúdico de la niñez y eso restaura el alma, eso nos da un empujoncito hacia nuestra pasión y eso es sublime.

Suspirar, respirar, sonreír y nunca renunciar a la nostalgia de una caricia sentida que nos eleve a un mundo flotante sin tiempo por un instante, un siglo o la eternidad.

Mecha

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