Me siento agradecida con el destino por haberme cruzado con un hombre que me hizo sentir una cachorra intentando jugar, igualito que cuando un perrito quiere jugar: se acerca, te lame, sale corriendo y vuelve a acercarse. Tengo una sonrisa dibujada con pinceles de ternura al recordar una noche encantadora, una noche cuyo hechizo duró en mi piel hasta un día después, una noche que me regaló un día intentando volver a ella.

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Hacía mucho tiempo que no me divertía tanto al lado de un hombre! La cita se me pasó en un santiamén, sus besos fueron dulces que me hicieron recordar los mejores besos que alguna vez recibí de un amor. Los hombres que me seducen con el humor, me hechizan de una manera irresistible, jajaja! Sin embargo esta vez, quise preguntarme, sinceramente, lo que me ocurría con ese otro y por qué me salió la contradicción para frenar el fluir.

Pasaron los días y comprendí que, de alguna manera, percibí que este encantador de mujeres no me estaba eligiendo, sólo estaba dejándose llevar por el hechizo de una noche divertida donde la espontaneidad fluyó sin sentido aparente. Y si algo aprendí en este recorrido de vuelta al ruedo de la vida, es que no quiero un hombre en mi vida que comparta conmigo el tiempo que le sobra.

Quiero sentir que salgo al recreo en una cita que planeamos entre los dos, porque nos pusimos a pensar en qué queríamos compartir. Quiero sentir que, sin importar el tipo de relación que decidamos tener, yo sienta que el otro me elige y que no es lo mismo que sea yo, o cualquier otra mujer. Quiero sentir que el otro está deseoso de recibir lo que tengo para regalarle de mí, sin cuestionarlo o dudarlo.

Será que me he topado con varios hombres que en el discurso, dicen querer una par en su vida pero se comportan como si quisieran geishas modernas: mujeres avezadas en el arte de la seducción dispuestas a un delivery de sexo. Hombres mezquinos en el amor porque sólo quieren compartir cuando ellos tienen ganas, pueden o se les ocurre… la otra persona es como un mobiliario en la ecuación. Qué espanto!! De encontrar un punto medio, de hacer un esfuercito para conciliar agendas… bueno, depende del grado de abstinencia que venga soportando el fulano, pero poco o nada jajaja!. Hasta algunos la rematan con la frase matadora: Y bue…es lo que hay! Me daría ganas de zamarrearlos y gritarles: wake up! Hellooo! Estás intentando levantarme! Esa es una frase mata todo!! Mata pasión, mata deseo, mata ratones porque es como decirte tiré la toalla conmigo mismo, ama mi abandono… Naaa, en serio? jajaja! Qué quieren que le diga me retuerce la rebeldía femenina, jajaja!

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Me resisto a la idea de ser conquistada con el residuo de tiempo de alguien! Dirán esta mina se siente la abeja reina pero no se trata de eso, se trata de saber elegir para sentirse elegida. Si tuve una cita encantadora quiero saber que al otro le intereso, no quiero 500 mensajes, con 2, 3, 5 es suficiente para arrancar mi sonrisa femenina y no valen las excusas sonsas. Si tuve una mala cita espero que el otro entienda que elegimos lo que creemos que es mejor para nosotros más allá de que el rato que compartimos lo hayamos disfrutamos. Desde mi punto de vista, que seamos maduros no implica que tengamos que conformarnos con menos de lo que nos genera un despertar de emociones! Hasta la pasión y más allá!!! jajaja!

Me quedó grabado en la mente algo que me dijo este encantador de mujeres que me encontré detrás de un like: que él no tiene vergüenza. Me quedé pensando en eso y es genial porque cuando uno no tiene vergüenza puede ser auténtico, dejar fluir, ser. Será por eso que me quedé con ganas de repetir… pero bueno, este juego es de a dos, a veces se gana y a veces se pierde! Y las cosas siempre pasan o no pasan por algo, están en nosotros descubrirlo.

Y ahora me voy a estudiar cómo convertirme en una encantadora sinvergüenza a ver si logro hechizar a un hombre que me arranque un suspiro, jajaja! Apoyo mi mano izquierda en mi quijada para explicarme lo inexplicable de las sensaciones que llenan de intensidades mi ser y suspiro sabiendo que tengo la fortuna de poder sentir más allá de lo evidente.

Entrecierro los ojos y soplo al destino la satisfacción de haber encontrado inesperadamente un recoveco más de lo que quiero en mi vida para la madurez: la espontaneidad de ser en otro sin vergüenza!

Tindera

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