Tengo una sonrisa pintada en mi cara porque encontré un hombre que me sorprendió. Y se me viene a la cabeza un pasaje de un libro que leí donde la protagonista que orillaba los 40 va con su pareja a una playa, pelean y ella sale sola a caminar por la costa. Al rato vuelve con lágrimas rodando por su mejillas y cuando su pareja le pregunta por qué estaba tan apenada, ella responde: estoy triste porque los hombres ya no se dan vuelta para mirarme.

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Me vino ese recuerdo porque ayer me pasó algo así pero al revés: se dió vuelta para mirarme un hombre para el cual dudaba que yo le pudiera resultar atractiva. Es que según mis erróneas creencias internas me conocería en circunstancias poco favorables para una conquista. Aún así, me dejé llevar y me dije ma’si que se choquen los planetas! jajaja!. Pensé en esa frase famosa de Einstein sobre hacer las cosas de manera diferente para obtener resultados diferentes. Me guiñé un ojo y me dije: por qué no? Así fue como fuí a esa cita, pensando: será lo que tiene que ser o no será nada.

Paro un momento para reflexionar sobre que las miradas de los otros suele ser distinta a la mirada que una tiene sobre sí misma conforme la construcción cultural en la que vivimos. Fue así como esta vez abrí mi cabeza, la despojé de pre-conceptos, la abandoné a su suerte y el resultado fue que me topé con una sorpresa esperada: un hombre que vive su vida de a un día a la vez, cosa que es casi como encontrar un unicornio, jaja! Y por qué digo esto, lo digo porque vivir de a un día a la vez no significa tener relaciones sin compromiso, sino todo lo contrario. Significa estar plantado en la vida, en el aquí y el ahora viviendo según las propias convicciones. Significa haber desarrollado la capacidad de disfrutar el momento presente en su máxima expresión y poder relajarse a los designios del destino que muchas veces hacemos sin darnos cuenta.

Medito sobre lo predecible o impredecible, sobre lo esperado y lo inesperado en una relación. Entonces me doy cuenta que lo que no me resulta grato en una relación de pareja es lo inesperado: esas cosas que una/o nunca esperaría que la otra persona haga como por ejemplo practicar la poligamia, ser desconsiderado/a o mostrar poca sensibilidad por lo que le pasa a uno/a. A diferencia de lo inesperado, lo impredecible suelo asociarlo con lo grato de una relación: esas sorpresas agradables que te llegan al corazón como por ejemplo que el otro te invite a compartir algo que no habías imaginado, que te diga lo que siente por vos o que te haga sentir elegida/o.

Y sentirme elegida lo asocio con las pasiones que la vida me deja descubrir mientras la transito. Apuesto a una vida que tenga el brillo de las intensidades que elija para ella. Por eso en materia de relaciones de pareja estoy convencida que lo mejor que puedo dar al otro es mi hoy tan plenamente como pueda ser. El mañana es para mí un terreno inhóspito que lleva el secreto de lo que hoy hagamos, nada podrá sorprendernos si vivimos poniendo atención a lo que aún no sucedió y no le damos relevancia a lo que está sucediendo en este instante.

Será por eso que cuando una relación es intensa hay momentos en que se siente vértigo. Será por eso que si esa sensación no tiene una malla de contención de poder contar con el/la otro/a y de la certeza de que no va a desaparecer en un santiamén súbito, somos presa de una sensación de caer al vacío. Será por eso que me fascina lo intenso pero sobre una base de acuerdos porque dar saltos al vacío nunca tiene un buen resultado y no me lleva a un lugar feliz.

Confiar en ser hacedores de nuestro destino, en que nada pasa por casualidad, en que siempre podemos elegir no elegir, nos hace sentirnos en control de nosotros mismos y por lo tanto de nuestra vida. Da lugar a disfrutar intensamente lo que sí se puede compartir y olvidar lo que no porque pararnos la estación de las carencias perdidas, nunca es un buen lugar para una relación de pareja o cualquier otro tipo.

Está claro que en una relación de dos, nosotros no controlamos las emociones y los sentimientos del otro/a pero sí sabemos cuáles son las calles limítrofes que estamos dispuestas/os a recorrer, sí tenemos en nuestra mentes ese banderín que dice hasta acá llego. Siempre que tengamos claro eso, podremos tener la serenidad de haber vivido al máximo lo que pudimos y nunca se nos clavará la duda lacerante de qué hubiera pasado si hubiera hecho esto o aquello.

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Hago un guiño a mi corazón y me susurro que por un rato me voy a sentar a ver qué pasa en esta estación de la vida que me encontró con una atracción inesperada. Y Uds. Tindereanos/as harán un guiño a sus corazones para esperar el susurro del destino en la estación del hoy imaginado? Revivirán las formas de elecciones pasadas para regalarse algo distinto hoy que los haga más felices? Yo que Uds. me dejo llevar por esa brisa de hoy que les deparará el futuro que tanto reclaman! Solo es cuestión de fe!

Mecha

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