Cuando partimos de una relación ya entró en nuestro escenario un/a otro/a imaginado/a, alguien sin rostro que nos permite jugar a dar rienda suelta a nuestra imaginación. Entró en nuestra cama: un/a otro/a imaginado que reúne todas y cada de las sensaciones que añoramos con remembranza. Una especie de rompecabezas viviente con todas las buenas cosas que deseamos.

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El desafío de conquistar a alguien es justamente convertirse en ese otro imaginado, en tener la generosidad de aceptar la espontaneidad de la imperfección para dar lugar al deseo de compartir con el otro. Si me preguntaran cuál es mi otro imaginado, yo no sabría qué responder porque para mí primero hay que poder disfrutar del otro plenamente y para ello debe haber un compromiso mutuo. Compromiso con lo que surge y sienten tanto al estar juntos como al no estarlo, compromiso con darse lugar a dejar florecer algo por el otro y para ello solo puede ser de una manera: apostando a eso que se inicia.

La realidad es que el amar a alguien profundamente requiere un primer compromiso básico de comprometerse con lo que uno siente, no seguir el impulso de huir cuando algo nos da temor y buscar el diálogo. Sin embargo, si el otro no está atento a escuchar, tarde o temprano aparece la discusión que mata el deseo de estar juntos.

Escuchar no es lo mismo que oír, se puede estar un largo tiempo en una relación escuchando al otro sin oír el trasfondo de lo que le pasa o de lo que no le pasa con una/o. Cuando recién nos separamos de un amor que nos importó, pareciera que siempre jugamos un juego de oposiciones porque marcamos una línea imaginaria de lo que no queremos sentir más cuando estamos en una relación de dos. Pareciera que establecer una lista mental con todas las cosas que no queremos, nos mantiene a raya con lo que sí queremos, aunque en esa fase no tengamos la menor idea de qué es y nos avergüence admitirlo.

El mundo tindereano sería más grato si aceptáramos que aún habiendo pasado los 40, la cuestión de volver al ruedo es un recorrido de vuelta a nosotros mismos y a veces, nos perdemos. El transitar la madurez no implica perder la sabiduría de cambiar de opinión a tiempo.

Siento como si estuviera en un escaparate mirando pasar una selección de vinos en una bandeja circular: se las principales características que deseo para mí pero lo real, lo justo, lo voy a saber cuando me pase! Apoyo mi mano en el mentón pensativa y me recrimino escuchar hasta lo que alguien no dice. Caigo en la cuenta que sólo puedo ser yo y si resulta que la conexión empática es de ida y vuelta, entonces seguramente tendré ganas de volver a ver a ese otro que ya no imagino porque está frente a mí siendo él. Si no, se disipará en el ciberespacio tindereano como tantas veces, jajaja! C’est la vie, mon amour!

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Una amiga me dijo hace un rato: no es fácil despertarte cada mañana y que nadie te pregunte cómo estás? Una gran verdad, el que exista alguien que esté pendiente de una/o nos hace sentirnos elegidos/as y eso es impagable porque nos llena de energía. Me toco los labios para recordar las diferentes formas en que me he sentido elegida y recuerdo esto del desbalance amoroso en una relación. Recuerdo también lo que fue no sentirme elegida, sino sobreentendida.

Hay relaciones largas que se mantuvieron con el gran esfuerzo de una de las partes y cuando esa persona se hartó de llevar el mayor peso, la relación se derrumbó. Lo leo repetidamente en los chats, los temas que elegís hablar, la forma de expresarte sobre ellos: todo habla de quién sos. Sonrío al darme cuenta que unos cuantos luego de una relación desigual, quieren un par al igual que yo.

Un par como el otro zapato extraviado.. y yo me pregunto dónde estará el mío? Dónde estaré plantada dentro de un mes, un año o una década? O será que ya pasó de moda la teoría de las almas gemelas? Acaso sus detractores tienen alguna mejor explicación para representar la plenitud que se siente al hacer el amor con alguien que en verdad te importa?

Lo relevante es no medirnos por la mirada de un otro para poder ser felices porque que el otro permanezca en nuestra vida no depende totalmente de nosotros mismos. El otro que elegimos tiene sus propias limitaciones y nada garantiza que lo que podemos darle lo haga sentirse elegido, feliz por el resto de nuestras vidas. Por eso, vayamos de a poco, no corramos a la muerte de la pasión, elijamos al otro de a un día a la vez y estemos atentos a no dar su amor por sentado.

Existen pocas cosas en la vida en pareja que añoro más que sentirme elegida, esa vibración que llega como una onda expansiva al querer volver a verse. Como cuando era chica y aparecía alguien al quien había extrañado a lo lejos, entonces echaba a correr para abrazarlo.

La felicidad es un camino que hay que elegir a diario sin expectativas grandilocuentes pero sin resignación. Será así o mañana cambiaré de opinión? jajaja! Quién lo sabe?

Tindera

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