Aunque hoy he vuelto con el corazón roto, celebro haberme permitido volver a intentar encontrar el amor. Cuando supe internamente que era mi momento de partir de la relación porque el otro ya se había ido hace un tiempo, sentí una angustia visceral que invadió todo mi cuerpo y mi alma. Lloré hasta el hartazgo. Me compuse, volví a verlo por última vez y cuando me despertó para volver a no elegir compartir algo que lo apegara a mí, supe que ese incipiente pimpollo de amor estaba feneciendo.

corazon

Volví a engañarme con que lo mío era una exageración femenina y dos días después, volví a chocar con la misma piedra: al otro le dejé de importar, no le importó leer mi mensaje y nunca contestarme, no pensó que eso me haría sentir que me ponía en el lugar de la no querida. (No era la primera vez).

Guardé la esperanza unas horas de que mi intuición se equivocaba y cuando no soporté más el silencio, la angustia volvió a regarse por todos mis poros y le dije que no iba a volver a escribirle. Me dijo que después lo hablábamos, estaba ocupado. Mi tiempo se había agotado, el reloj de arena me gritaba que ya había partido.

Lloré sin consuelo por este intento fallido y por todos los hombres que me abandonaron de alguna manera a lo largo de mi vida. Lloré hasta que las lágrimas se me agotaron. Valientemente me animé a transitar la pena porque sabía que cuando pudiera sacar todo lo que sentía afuera, encontraría el consuelo.

Escribí con la sangre de mi corazón todo aquello que sacudía mi espíritu, escribí todo lo que tenía para decir y se lo envié. Sabía que la suerte ya estaba echada, el quería huir y yo debía dejarlo ir.

Entonces me animé y le confesé que era mi hora de partir, hubiera preferido irme furtivamente en medio de la noche pero habría sido injusto con el maravilloso romance que vivimos. A veces las cosas no tienen un por qué, sólo un cuando y cómo. Seguí a mi alma, tomé valor y partí porque empecé a quererlo: esa es la verdad. Partí porque sentí que podía vencer miles de obstáculos menos el silencio de las cosas no dichas. Cuando un otro decide callar no hay remedio, el otro decide por vos y cuando se descubre la verdad, es tarde siempre es tarde. El corazón se agrieta de ilusiones rotas.

Una amiga que me contaba su aventura me dijo horrorizada que tenía miedo que le rompieran el corazón como a mí, que no quería. Enseguida le chatée un poco sorprendida: pero si es maravilloso que pisando los 50 me esté pasando esto porque viví momentos de mucha ternura hacía mí, sentí pasión y sin lugar a dudas fue lo mejor que me pasó en mucho tiempo!. Está bien, desde ayer estoy tan triste que no he dejado de llorar pero ya se me pasará. Lo que no pasará, es el bello recuerdo de un hombre magnífico que la vida tuvo la generosidad de cruzar en mi camino.

Si, no les voy a mentir, duele, duele mucho, duele como la puta que lo parió, pero la puta que vale la pena estar viva!! Apreto mis labios, suspiro y en mi mente lo dejo ir con pesar. Ojalá que la próxima vez que encuentre un hombre magnífico el destino me lo preste por más tiempo! Es que es tan fácil encariñarse con la amabilidad de sentirse elegida!

Apoyo mis manos en el pecho como queriendo contener mi corazón, entrecierro los ojos y le deseo a ese gran hombre que encuentre paz con sus demonios y fantasmas. Le envío el último beso al viento y le repito un hasta siempre!

Y Uds. qué le desean a ese último amor que dejaron partir? Seamos generosos con perdonar lo que no pudieron darnos para que el universo sea generoso con lo que nosotros no pudimos darles.

Tindera

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