Me he dado cuenta que muchos de los malos entendidos que se dan a esta edad es porque vivimos tiempos de amores desenvasados y como no tienen envase que les quepa tampoco tienen etiquetas, jajaja! Muchas veces no tienen el envase de pareja tradicional, todos viviendo juntitos en la misma casa. Me resisto a etiquetar cada cosa de mi vida porque pareciera que al etiquetarlas comienzo a matarla lentamente, etiquetar me suena a una jaula de adjetivos que empobrece. amores

Todo muy lindo pero qué le contestamos a nuestro hijo pre-adolescente cuando nos hace la pregunta: mamá tenés novio? Chan! El chico te zampa una etiqueta. Me sonrío divertida al meditar cómo fue que una pregunta tan simple después de los 40 termine siendo tan difícil de responder, jajaja!. Navegamos en los grises que nos ha enseñado la vida para ir lentamente al destino que sea, para esa relación que intentamos.

Mi respuesta institiva fue no. Entonces mi hijo pre-adolescente me cuestionó: pero salís todas las semanas con él. Me quedé pensando, es cierto, jajaja! Le contesté para salir del aprieto, bueno si, es mi novio “ponele”. El chico insistió…cómo ponele?, es o no es tu novio? (Consideremos que los pre-adolescente aún tienen poca capacidad de abstracción, jajaja!) Entonces, lo miré a los ojos y le dije: sabés amor, el tema es que a mi edad ya no le ponemos etiquetas a las relaciones (no fuí 100% sincera pero salí del trance).

El se quedó conforme con la explicación pero yo no, jajaja! Me quedé varios días pensando en las maneras no tradicionales de tener pareja y ser feliz con ello. Primero me invadió la típica ansiedad femenina y me dije, cuando lo vea le voy a preguntar qué soy para él. Acto seguido me sentí ridícula y me cuestioné esa compulsión que tenemos por etiquetar todo.

Etiquetar me angustia porque pareciera que al hacerlo encerramos algo en una jaula de límites, una relación de novios en la fidelidad y compromiso, una relación de amantes en sexo sin compromiso, una relación de pareja en convivencia y rutina, en fin etiquetar siempre me dió un mal augurio, jajaja! Será por eso que en esta etapa me rebelo con uñas y dientes a etiquetar lo que me pasa con ese otro que me hace sonreír, me niego rotundamente a distraerme de lo que nos pasa cuando nos miramos el uno al otro. No quiero perderme ni por un instante ese destello esencial que enciende mi espíritu y me permite volar al país de disfrute sin prisa, saboree suavemente porque está justo adonde quería llegar.

Voy y vengo desde mis sueños a los mandatos sociales que aún tengo metidos en la piel. Me despellajaría viva si alguien pudiera asegurarme que podría quitarlos todos de mi vida. Los detesto, porque los mandatos sociales me suenan a frascos de mermelada clasificados en recetas para ser feliz. Recetas que, al menos a mí, nunca me funcionaron porque creo fervientemente que el amor (cualquiera sea su clase) te hace sentir libre, pleno: sin límites.

Entre las cosas que me pregunté durante esos días de reflexión es, por qué la gente cuando encuentra a alguien que lo podría enamorar o le gusta mucho, cuando relata la historia suele decir “fue un antes y un después de conocerla/o”. Acaso no transforman nuestro espíritu todas las cosas que nos importan? Hace poco le dije a alguien especial: no quiero ser una presión, quiero ser la mujer con la cual compartas las cosas que te importan. Fue mi manera de invitarlo a recorrer el camino a nuestro encuentro juntos, tomados de la mano y con esa meta en mente: convertirnos el uno al otro en personas con las que compartimos las cosas que nos importan.

La verdad es que disfrutamos mucho al estar juntos aunque no podamos vernos siempre que quisiéramos. Casi sin querer hace unos pocos días atrás me salió en el chat: “Quizás sea una pavada pero siento que lo que ya compartimos es un punto de llegada, no de partida” , entonces me preguntó desconcertado: “Y eso es bueno?”. Mi respuesta no se hizo esperar: “Jaja. Claaaro. Encontrarte es el resultado de una búsqueda interna de lo que quiero y deseo para mí en esta etapa.”

Detengámosnos un momento en esto, en esta etapa de la vida encontrar el amor sería algo así como llegar a una meta que añoramos aún sin percibirlo. Y para Uds. Tindereanos/as volver a encontrar el amor sería un punto de llegada o un punto de partida? Y si es de partida, de partida adónde? Acaso no les gustaría quedarse un tiempo allí?

Tindera