Hace varias noches que al imaginar lo que representa una pareja en mi vida en este momento, con tanto ajetreo de obligaciones, se me viene a la cabeza el tercer tiempo de los partidos de Hockey.  Ese momento de confraternizar con las contrincantes sin competencia ni rivalidad, como un momento de esparcimiento espontáneo sin presiones.

juego

Pongo la mano en huequito para rodear la oreja del destino y susurrarle que amar a esta edad es como vivir el tercer tiempo de la vida. Ese tiempo luego del tiempo de ser madre y luego del tiempo del trabajo cumplido. Ese tiempo en que entrecierro los ojos empañando el espejo con el aliento que delata la edad que ya no tengo para gritarle en silencio a mi alma, “es tiempo de jugar”.

Pareciera que me toca una varita mágica de rejuvenecimiento inmediato y preparme para una cita se transforma en un intrigante periplo que repleta de emoción mis poros. Quienes fuimos madres o padres es casi seguro que pasamos por momentos en que nos volvimos invisibles a nosotros mismos, un día dejamos de vernos como una mujer o como un hombre en esa familia que elegimos formar. Nuestra mente es un embrollo tremendo de temas infantiles que no da espacio a ese yo, que existía antes de la maternidad y de la paternidad. Nos confundimos y nos decimos que es por el bien familiar aunque sepamos que nos perdimos en un laberinto de amor filial.

Cuando pienso en las cosas sensacionales que sueño compartir en pareja, una leve sonrisa y una mirada con sabor a esperanza se me prende en el alma (no puedo evitarlo). Mis ojos se llenan de algarabía al reflejarme en el espejo y no visualizar la edad que tengo. Uff! Tengo tan poco apuro por envejecer que pareciera que se me nota en el alma, justo en el momento que digo la edad cronológica que tengo y alguien siempre me dice: parecés más joven. Jajaja!

El secreto de ese brillo extra es que me tomo recreos para ser simplemente mujer, para compartir con ese hombre me devolvió de la invisibilidad y lo disfruto hasta el hartazgo. Caigo en el hechizo de ser simplemente novia, esa mujer elegida a la cual le seduce intentar conquistar el corazón del hombre enigmático que devela un telón de sensaciones reconfortantes en cada encuentro.

Es tan fácil disfrutar cuando quitamos: expectativas desmesuradas e imágenes rígidas en nuestra mente sobre el hombre o la mujer ideal…!! Si tan sólo podemos relajarnos en la sabiduría de la experiencia, todo fluye de manera sencilla. Es justo ahí cuando elijo soñar despierta, entrecierro mis ojos y me susurro al alma, lo que tenga que ser será.

Claaaaaro que me pregunto si ese otro que me he cruzado en la vida estará en mi vida unos meses, un año o una década…. al fin y al cabo soy de carne y hueso, jajaja!. Pero caigo en la cuenta que no tiene relevancia porque aunque ese otro pudiera no seguir eligiéndome, me ha devuelto la fe en que es posible volver amar después de los 40, con hijos, trabajo y una vida ajetreada. Y por eso ya me sumó una certeza que no tenía, por eso lo nuestro vale la pena ser vivido.

Por  eso también, siempre vivo como una sorpresa cada vez que nos elegimos, porque no lo doy por sentado, porque siento que me lo he ganado como un premio a ese gesto de interés por el otro, a esa caricia sentida que le di la última vez que compartimos, a esa falta de reclamos por entender que el amor después de los 40 es volátil.

Supongo que aprendí que a los hombres no hay que interpretarlos simplemente hay que disfrutarlos, jejeje! Cuando no intentamos atraparlos, ellos se quedan por intriga y cuando intentamos atraparlos, salen corriendo con el cliché de la invasión, el ahogo y quién sabe qué mambo más, jajajaja! Por eso, yo estoy como cuando jugaba a la escondida busco, miro despacio y cuando veo que las cosas dejan de ser cómodas para mí, salgo corriendo a tocar pica.

Y Uds. Tindereanos/as cómo van con el 3er tiempo?

Tindera.

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