Esta noche quisiera demandar a los mandatos sociales, esas creencias populares que se nos meten en la cabeza desde temprana edad y que nos hacen muchas veces infelices. Los quisiera demandar porque me pasé la vida tratando de olvidarlos para encontrar el camino de la felicidad a mi manera, esa que quizás a vos no te funcione pero a mí si.

carcelEs que hay mandatos sociales que te joroban la algarabía, por ejemplo el mandato de casarte y tener hijos. Me pregunto porque será que cuando una pareja no tiene hijos sentimos en algún momento el impulso de indagar el por qué, como si tuvieran algo roto que debemos ayudar a arreglar. Y si no es así? Quizás lo placentero, lo apasionante, lo que esas personas sienten que las hará sentir realizadas pasa por otro lado que no es ni la paternidad ni la maternidad.

Aunque una se siente realizada en diferentes planos en la vida, llega una edad en que el mandato social pareciera que te picara la cabeza con la idea de que se te vienen fechas de vencimiento de cosas que no podrás seguir haciendo. Por ejemplo: seguir haciendo el amor con pasión y con placer en la madurez, pareciera que hay un mandato social que te dice que tiene fecha pronta de vencimiento.  A ese mandato social, le daría cadena perpetua por imbécil.

O por ejemplo que después de los 40 es muy difícil enamorarte. A ese mandato social lo mandaría a penitencia sin agua varios días porque es un mentiroso hipocondríaco. Siempre es difícil enamorarse porque lo que resulta una piedra preciosa en nuestro rompecabezas de la vida, es encontrar un otro con el cual conectarse emocionalmente. Un otro con el cual al compartir no se perciba nada que nos incomode. Eso siempre ha sido difícil porque somos más de lo que no se ve, que lo que se ve.

Apreto los labios al caer en la cuenta que a casi todos los mandatos sociales los mandaría a la cárcel del no recuerdo jamás. Sin embargo, pienso que para algo existen y quizás sea para que mucha gente se sienta que está en la senda correcta de su felicidad. Quizás no haya tanta gente como yo que se rebela a lo pre-escrito, que no se doblega ante la idea de un destino irreverente que cuenta la mayor estafa del universo: esa idea trillada de que la felicidad se encuentra “haciendo las cosas bien”.

Yo le preguntaría a cada uno de los mandatos sociales: qué es hacer las cosas bien? Acaso casarte te asegura la felicidad aunque más no sea por un tiempo? Acaso no casarte te asegura la infelicidad aunque más no sea por un tiempo? Acaso tener hijos te asegura la felicidad aunque más no sea por un tiempo? Acaso no tener hijos te asegura la infelicidad aunque más no sea por un tiempo? Quién lo dice?

La idea que la felicidad se encuentra para quedarse eternamente en ella, es una de las mayores estafas de los mandatos sociales. La felicidad es una construcción que cada día elegimos transitar porque elegimos esperar a ese hombre o a esa mujer que nos arranca un suspiro, elegimos no decepcionarnos porque el mensaje tardó más de la cuenta, elegimos compartir lo que de corazón nos surge y por sobre todo, elegimos seguir eligiendo a ese otro con paciencia, pasión y sensatez.caracoles

Junto mis manos al darme cuenta que toda mi vida he luchado contra los mandatos sociales que nos hacen perder en los laberintos de las intrigas palaciegas.  Como si en nuestro palacio interno de verdad importara lo que los demás nos dicen que tenemos que hacer. Como si en ese preciso instante en que nos desbocamos y decimos la palabra equivocada que herirá al otro, importara lo que los demás piensan.

Observo la rueda de mi vida y me doy cuenta que aunque he evolucionado, en esencia soy la misma maníatica cuidadosa de no mezclar apego con amor, emociones con amor y sonrío al darme cuenta que cuando deje de pensar en ello, quizás ya ese otro se me haya metido en la piel.

Entonces cierro los ojos y sonrío ante la idea de que esta vez pareciera que estafé a los mandatos sociales: a mi manera. Así eligiendo al otro cada día, así sin proyectar, así disfrutando cada momento compartido como si fuera el único que puedo y saben qué? ES el único que puedo en ese momento. jajaja!

Y Ustedes Tindereanos, ya mandaron a la cárcel de no recuerdo jamás a los mandatos sociales? No? Y qué esperan? Que nadie les diga como vivir su vida, que no hay una manera correcta, sólo existe esa que te llena de alegría y paz interna.

Amar después de los 40 es el arte del reintento! No lo olviden! Arriba las frentes que allá afuera hay alguien para dibujarte una sonrisa en el alma! Sólo hay que tener fe!

Tindera

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