Esta es una de esas noches en que me siento sintonizada con el universo, como si tan solo por un rato hubiera entendido todo, en esta maraña de sucesos insólitos que me han pasado desde mi vuelta al ruedo. He sentido como si mi cara estuviera en el borde de un andén de tren y pasara a toda velocidad echándome en cara el vientecillo de verdades eternas.

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Es que hay realidades sobre nuestra autenticidad, sobre esas cosas que nos hacen sentir cómodos con nosotros mismos que pareciera que las creyéramos y luego las desmintiéramos para nos sentirnos solos. Caminamos por la vida buscando felicidad y cuando nos enamoramos pareciera que no fuera necesario gritar en silencio “sintonízame en el dial de la vida que te he estado esperando!! porque simplemente esa historia la escribimos de a dos, esa historia fluye, esa historia crece sin que deseemos tenerla en un frasco con etiqueta.

Cuando pierdo mi norte en materia de relaciones amorosas me pregunto, adónde preciso volver? Y la respuesta siempre es volver a encontrarme con las cosas que me hacen sentir bien al compartir momentos con alguien que me atrae. Es maravilloso porque es casi como volver a patinar, no digo como andar en bicicleta porque patinar requiere de un mayor equilibrio jajaja! Y si algo somos los sobrevivientes del amor es ser buenos equilibristas entre las diferentes facetas de nuestra vida: de repente tenemos una ganas locas de ver a ese hombre que nos arrancó un suspiro pero este fin de semana nos toca estar con los  chicos, extrañás esa maraña de piernas una enredada en la otra pero él tiene los chicos. En fin conciliar la agenda de paternidad 100% con la de maternidad 100% a veces es un verdadero desafío, pero no hay nada que no pueda sucumbir al deseo de compartir de a dos. Este fin de semana o en un día o en tres, cuando hay deseo de encontrarse las fuerzas del universo se alinean y aparece el hueco en la agenda para salir a jugar a las citas por un rato.

Me tiro para atrás, mirando de refilón lo que escribo con una incipiente sonrisa al imaginar esa travesura que ya estoy imaginando, esas horas robadas a mi rutina para justamente salir de la rutina, ese tiempo en que dejo de ser madre para ser mujer. Apoyo mis codos en la mesa y me pregunto si siempre será así, lo que sea que está fluyendo en mi vida. Entrecierro los ojos para divertirme con la idea de que los sobrevivientes del amor andamos a hurtadillas, como cuando éramos adolescentes y nos escapábamos para salir sin que nuestros padres se enteraran. Es bastante irónico que ha esta altura del partido de la vida, andemos a hurtadillas de nuestros hijos para compartir con alguien que nos atrae jajaja!, simplemente porque elegimos callar el secreto hasta que eso que nos pasa sea algo duradero.

Me resulta apasionante la idea de que somos como mecanos que nos conectamos con cada persona de diferente manera en el camino de la vida. Es como si tuviéramos miles de botones invisibles y al conocer a alguien que nos gusta, éste/a tocara esos que nos conectan con lo placentero y con el desenfado de la espontaneidad. Reflexiono sobre lo que percibimos más allá de las palabras, esa caricia que nos sale espontáneamente, esas ganas de dar la mano o esas otras de dar un beso apasionado. Qué hace que alguien nos atraiga como un imán? Todos dicen la energía o la “vibra”: si, es cierto, pero qué más?

Pienso que cada uno anda por la vida deseando encontrar una mujer o un hombre que nos inspire una vida que soñamos mejor que la que tenemos o al menos más feliz. Es como si uno/a se pusiera frente el espejo y se dijera recordando a los/as exs que dejamos: un hombre o una mujer  que no sea así ni asá ni así pero la verdadera magia sucede cuando deja de ser relevante que el/la próximo/a no sea como el/la último/a, jajaja! Si, si, algún día pasa y entonces la vida nos sorprende.

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Se preguntarán cuándo pasa que dejamos de desear encontrar al hombre o a la mujer que no sea como todo lo que no nos gustó de nuestro/a ex para que simplemente se convierta en el o la que nos haga sentir feliz otra vez! Eso sucede el día que despertamos y nos perdonamos por no haber sido felices con lo que elegimos porque ese día estamos preparados para dejar atrás el pasado.

Amamos con la mente no con el corazón porque nuestros sentimientos crecen en nuestro interior en base a lo que creemos. Durante el día nuestros pensamientos navegan por nuestra mente. Si parte de ellos son nuestro pasado que vuelve y vuelve, dejamos poco espacio para imaginar y soñar con ese amor que deseamos que venga a nuestra vida. Así que tindereanos/as anímense a soltar el pasado y griten al silencio “sintónizame en el dial porque ya estoy listo/a para reintentarlo!!!” Hagan el ejercicio saludable de elegir olvidar y perdonar! Si, hasta eso que en su momento pareció tan atroz. Perdonen para soltar y desterrarlo para siempre de su mente!

Con pasión y ternura, les deseo un buen olvido!

Tindera

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Recalculando, recalculando… la pista de la pasión