Hay veces en la vida que una siente que su GPS interno le sopla al oído: recalculando, recalculando como si hubiera perdido el vuelo del amor, como si los ríos cálidos que nos hacían elegir al otro se hubieran vuelto densa arena movediza donde si nos movemos mucho nos hundimos. En ese momento se nos clava en la mente el interrogante de “estaría mejor sola? y tus ganas de elegir al otro, poco a poco, empiezan a irse de viaje al lugar de “quisiera transitar un día sin, sin, sin”.

Te vienen las ganas de quitar de tu vida lo que te hace infeliz y el deseo por el otro empieza un viaje sin retorno al lugar de la pasión y el amor. Empezás a elegir a un otro que no existe en tu vida aún. Intentás de todo para recuperar el deseo y sentir volver a elegirlo porque es tu pareja desde hace muchos años, porque es el padre de tus hijos, porque alguna vez pensaste que fue EL amor de tu vida. Si lo amaste mucho, te resistís a más no poder hasta que una mañana te despertás y la sensación de qué hago aquí aún te invade. Ese día le ponés fecha de vencimiento a tu matrimonio, a tu pareja eterna o a esa no tan larga. Ese día tu corazón sabe que esa relación ya no tiene arreglo para vos, simplemente no encaja en la rueda de la felicidad.

clones

Aunque la vereda de la falta de deseo por tu pareja es algo que todo sobreviviente del amor tiene marcado a fuego, como un tatuaje en carne viva que le recuerda no volver a transitarla, no  siempre es fácil juntar la valentía de volver realidad tus pensamientos ocultos y sobre todo si hay hijos en común. A veces pasa mucho tiempo entre ese día que pusiste fecha de vencimiento y el día en que partís de la relación, la realidad es que cuánto más tiempo pase más sentirás que te marchitás por dentro.

Cuándo me preguntan por qué me separé, trato de guardar el silencioso respeto que siento que el padre de mis amados hijos debe recibir se lo merezca o no. Entonces, sólo digo porque sentía que esa relación me marchitaba por dentro y el cuerpo comenzó a pasarme factura. Y ahora siento que estoy floreciendo otra vez, me estoy conectando con mi esencia, con esa mujer que eternamente busca la felicidad como un desafío imposible de olvidar.

Hay veredas que una sobreviviente no debería estar dispuesta a volver a transitar y una de ellas es la de permitir que el otro te ponga en el lugar del deseo condicional a mejorar como si fueras un sistema operativo que cada tanto se actualiza para corregir: unos kilos de más, un mejor carácter, más espontaneidad, más aguante y así. Cuando me cruzo con un tindereano que me transmite eso, siento como si ese otro quisiera elegir a un clon mejorado de mí y simplemente me desvanezco en el ciberespacio porque la química que enciende la pasión no se me enciende con clones berretas de mí misma. jajaja! Yo me pregunto un clon mejorado para quién? El otro me elige a mí o a su idea de mujer ideal? Hombre si no estás dispuesto a amar las adorables imperfecciones de una mujer real, entonces cómprate una muñeca japonesa de esas con piel y déjate de joder, jajaja!

dollOtra cosa poco feliz es que a la tercera o cuarta cita, cuando te levantás de dormitar en cucharita un rato, el otro te diga: “ay, estás muy despeinada te queda feo“. En serio? Y yo que no te dije que me pareciste raro cuando te levantaste para recoger la ropa del piso y me la acomodaste en una silla… qué extremista gentil soy! Jajaja! Moraleja, si te dice una grosería como esa, tindereanas al ataque!!!! jajaja! A apretar el botón del olvídate de volverme a ver!!. No es que me ofenda tal afirmación, simplemente me parece que si el otro no cuida el incipiente vínculo y se siente habilitado para decirme algo tan poco gentil como eso en las primeras citas, me pregunto qué cosas sería capaz de decir en caso de tener más confianza? Podría haber elegido, sólo decir “estás despeinada” y dejarte elegir si te molesta o no esa situación, jajaja!

Pero bueno…hay tindereanos sordos de corazón que piensan que porque transitás la cuarta década de tu vida tenés ovarios de acero y tenés que aguantar pedos durante un 69 o el escarbadiente en la primera cena, eso sí con perfume francés. jajaja! En fin, el del escarbadientes nunca se enteró que dejé al que salía en pantuflas al kiosko porque la escatología es una materia que nunca me interesó compartir de a dos, hay cosas que prefiero guardarlas para mí misma. jajaja!

Mecha

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