Tengo el pecho lleno de emociones que saltan al compás de la gesta de una nueva aventura y con ella un desafío. Siento la emoción de comenzar un espacio lúdico, es como si la vida me hubiera regalado una sobredosis de euforia. Es que recibí un regalo inesperado de un tindereano, entonces miro la pantalla con remembranza de los chats que intercambiamos y siento como si una caricia de la vida me dejara un suspiro atrapado en la ilusión, de esa mirada de un recuerdo efímero.

Cierro los ojos e intento imaginar cómo será el momento en que crucemos nuestra miradas, me intriga porque tendré que esforzarme por conquistarlo, me siento feliz por ese regalo que me hizo tan espontáneo, ese que para él pasó inadvertido pero para mí fue algo tan inusual!. Se preguntarán qué me regaló, sonrío con ternura al recordar que simplemente me regaló una buena idea. Y esa buena idea produjo en mí un momento eureka, me llenó de entusiasmo, me inundó de algarabía porque de alguna manera es como si el destino me hubiera soplado la pieza del rompecabezas que me faltaba.

parekaMi pecho se llena de interrogantes sobre lo que pasará, me sorprendo reteniendo el impulso de escribirle porque sonrío de reojo, dejando al destino hacer su trabajo de no dar nada por hecho. Apoyo mi mano sobre el mi mentón y sonrío más allá de no atrapar la certeza de si algún día dejará de ser palabras que aparecen en mi celular. Cierro los ojos otra vez para sentir mi corazón latir y suspiro, al darme cuenta que esta vez no hay ansiedad, esta vez siento que será lo que tenga que ser y por eso me sale cuidar esta relación online que recién inicia.

Hace tanto tiempo que no me quedaba, un día después, pensando en alguien sin sentir prisa por saber el desenlace de un silencio que me pone en pausa!!!. Me empapa la realidad de que quizás cuando nos veamos no nos gustemos pero acaso es lo relevante? No lo creo, porque para mí será el tindereano que me regaló una buena idea que me transformó en alguien aún más contenta.

Entonces puedo sonreír de oreja a oreja, deseando que un día de estos vuelva a aparecer en mi chat. Las personas se cruzan por nuestra vida por algún designio del destino, a veces por pequeñas cosas que pasan casi inadvertidas y sin embargo, algo que parece trivial puede recordarnos ir al lugar donde precisábamos llegar. Me siento agradecida con la vida porque un halago tindereano me conectó con mi lado histriónico, ese que siempre le quita el dramatismo a las cosas.

Un tindereano me conectó con mi femeneidad, otro con volver a creer en el amor, otro con mi lado histriónico y quién sabe quizás otro me conecte con el amor apasionado una vez más. Adoro pensar que un día de estos, en el momento menos pensado me toparé con un tindereano que me mire a los ojos y yo sienta que me desnuda el alma, que no precise terminar las frases para que comprenda que fluir es lo que nos mantiene vivos.

Tomo lo que la vida me da: un chat divertido, un café ameno, una noche de pasión (de esas que escasean, así que la próxima vez que encuentre una, me la guardo en mi mente bien guardada, jajaja!). Reflexiono sobre el futuro en el que pienso poco o nada, me concentro en el hoy y en ir tranquila transitando mi vida de a un día a la vez.

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Me apaciguo tratando de recordar cómo era la magia del encanto antes de que los mensajes a vuelta de chat no dejaran casi nada librado a la imaginación. Vuelvo a sonreír al pensar en el tindereano que me da ganas de conquistar y que aún no se si tendré la oportunidad.

Recuerdo que cuando un hombre me gustaba podía tirarme en la cama mirando el techo e imaginando cómo me sentiría al volver a verlo, sonrío porque eso es lo que exactamente hago ahora, jajaja! Me llena la maravillosa sensación de intentarlo una vez más, de sentirme linda para alguien y por sobre todo de sentirme mujer. Al fin y al cabo, si hemos de escribir algo juntos sólo el fluir de las cosas guarda ese secreto bien guardado.

Para qué apresurarse a desvelar ese misterio?

Tindera

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