Una idea me ha estado haciendo ping pong en mi cabeza y es que muchos al leerme, pensarán esta mina habla así porque el amor se le debe haber hecho siempre fácil. Les cuento que es todo lo contrario, encontrar a un hombre que me arranque un suspiro y me quede pensando en él tiempo después de verlo, sonreír sola al recordar los momentos compartidos (por más breves que sean), nunca pero nunca, me ha resultado fácil.

conoce-los-sintomas-de-la-ansi-jpg_626x0Cuando me ilusiono con un hombre y me quedo pensando en él, la ansiedad femenina me inunda como a toda mujer (sin importar la edad) y pienso: “ufa! cuando me mandará un mensajito?, mejor espero que él me mensajee, no, le mando un saludo, si espero, mejor me ato los dedos! no lo quiero atosigar, va salir corriendo!”. Al final pienso y no mando el fucking chat, espero que me contacte. La única diferencia con otras mujeres, es que yo disimulo la ansiedad, jaja! Elijo pensar en cómo lo recibirá el otro, porque tengo clarísimo que cualquier relación aún aquella incipiente digital es de a dos.

Si tengo suerte, el tipo piensa: “al fin encontré una mina tranquila, que no está ansiosa porque le mande un chat”. Bueno, les informo a la platea masculina que la ansiedad es inherente al género femenino, aunque sea una mujer tranquila. La única diferencia que en mujeres como yo, puede más el deseo que las busquen, que las tengan en cuenta y si somos nosotras las que siempre iniciamos la comunicación, al final no sabremos si ese hombre que nos ilusiona nos eligió o cómodamente se dejó elegir.

Así es como la lógica gana a la ansiedad por un ratito en el flirteo online. Tampoco es que andamos esperando un chat a cada rato, alguien así entraría en la categoría de pesado y nos sentiríamos invadidas en otros ámbitos de nuestra vida.

Esta es la parte cuando los hombres pensarán, si le manda mucho es un pesado y si no le manda se pone ansiosa, uy, quién entiende a las mujeres! Y si, es así muchachos, nuestro cerebro es un mar de contradicciones cuando un hombre nos intriga y nos ilusiona conocerlo. Es la hora en que nos repetimos: “tranquila lo que sea que tiene que ser, será“, lo repetimos como un mantra para olvidarnos de la espera y cuando menos lo esperamos, llega el esperado chat y nos ponemos contentas.

A pesar de los avatares del flirteo online, me siento afortunada cada vez que un tindereano logra intrigarme lo suficiente como para querer conocerlo porque me siento: viva, en el ruedo de la vida, en el juego de la seducción y eso es gratificante. Resulta casi irrelevante si al verlo, frente a frente, toda esa ilusión se despedaza porque mi corazón tiene la serenidad de no haber sosegado en la búsqueda de encontrar a alguien cuya mirada desnude mi alma, una vez más.

Y de eso se trata encontrar el amor, en los recodos del destino, ¿de qué era que se trataba? Ah, si de abrir la posibilidad de conocer a alguien que quizás nos arranque un suspiro. Algunos pensarán que estoy un poco loca, que no cuido mi corazón, que me lanzo al destino sin importarme si me lo rompen en mil pedazos. Y les voy a decir algo, vivo cada día para poder gritar lo que un personaje gritó en una película con los brazos en alto y a todo pulmón: “la puta!, que vale la pena estar vivo!” .amor

Pero sí, les digo algo, ¿y qué si me rompen el corazón otra vez? ¿Acaso volverse  enamorar no vale la pena? Y si nunca te enamoraste hasta sentir volar al hacer el amor, entonces animate! No te mueras sin animarte a entregar tu corazón completamente al menos una vez! Que el miedo a sentir no te nuble la belleza de entregarse al sentir más profundo, con generosidad, con plenitud y con toda la emoción a flor de piel. Porque puedo asegurarte que al final de tu vida, mirarás hacia a atrás y en el peor de los casos, pensarás: “las cosas no salieron como hubiera querido, pero ¿quién me quita lo bailado?”.

Tindereá, chateá, mirá por la calle hasta encontrar a alguien que te haga volver a suspirar, date tiempo para vivir el hoy, para ser feliz cuando recuerdes cuánto disfrutaste lo que compartiste. Y por último, hacé el esfuerzo de encontrar una persona a la cual susurrarle al oído: “no te mueras sin decirme adónde vas” (como en la película de Eliseo Subiela).

Tindera

“tratemos a los demás en la red como que queremos nos traten a nosotros)

Ver entrada anterior:
El vaso de la felicidad

Ver entrada siguiente:
La poción del optimismo empedernido