Tengo silencios de reflexión para traer a estos escritos las palabras no dichas sobre la soledad de los más deseados. Me sorprende, a esta edad, sentir que volvimos a las vivencias de la adolescencia en algún sentido. Donde parecen tener más chances de encontrar a alguien aquellos que han mantenido su aspecto exterior mejor o que han logrado cierto bienestar económico.

carreraEs como si todos/as quisieran bailar con el más lindo o la más linda… entonces yo me pregunto y dentro de esa aparente belleza ¿qué hay en su interior? ¿acaso el respiro de la inocencia, de una caricia sentida desde lo más profundo? ¿acaso una mirada traslúcida que desnuda el alma? ¿qué tiene para dar? Esta es una pregunta que, a esta altura de la vida, siempre nos tendríamos que hacer porque para que el sexo se convierta en amor debe haber un intercambio de sensaciones para dar y sólo entonces tendremos posibilidad de recibir algo profundo.

Entonces me apiado del espíritu de los más deseados, que entre tantos/as que quieren conocerlos/as encuentren uno/a que no les pida ser perfectos/as, no les pida ir a lugares fabulosos o subirse al tren de la fortuna. Cierro los ojos y pienso que es difícil simplemente sentir y percibir al otro sólo por lo que es.

Como le dije a alguien que encontré por los meandros silenciosos del Tinder: “si te elijo será por lo que sos, no será por nada que tengas”  y aunque seguramente muchos/as no lo comprendan del todo, lo que tenemos es parte de lo que somos pero eso que somos está mucho más allá de lo que tenemos.

Cuando intentan seducirme y en dos chat quieren tomar un café conmigo, siento que el otro tiene  una haraganería importante por saber más de mí y siempre termino haciendo la misma aclaración, como una especie de mantra: “si nos gustamos, seguramente te elija pero tengo que sentirme cómoda para elegir tener sexo con alguien”. 

¿Y de qué se trata sentirse cómodos/as? Se trata de que la energía fluya, de que se nos pase el tiempo sin darnos cuenta, de que por momentos cuando el otro nos hable sintamos que las palabras se convierten en murmullo y nosotros nos detenemos en esos ojos que nos miran o en esos labios que nos están disparando palabras a nuestro espíritu. Eso que no ocurre siempre, no es como cuando éramos niños/as que cerrábamos lossexoenergia ojos con fuerza lo pensábamos, una y otra vez, creyendo que cuando lo volviéramos a abrir ese deseo se habría convertido en realidad. Lo mejor que podemos hacer por nosotros mismos/as, es aceptar cuando no sucede, ser amables y proseguir nuestra búsqueda.

Les dejo una reflexión sobre por qué elijo con quién tener sexo. Resulta, que estoy completamente convencida que cuando dos personas tienen sexo intercambian su energía vital, se mezclan sus espíritus así que todo el dolor, la esperanza, el amor, la pasión están a flor de piel para percibirse uno del otro.

Por eso elijo, no lo hago ni por buena ni por sabionda. Elijo porque quiero compartirlo con alguien que al igual que yo, elija: amar en lugar de odiar, perdonar en lugar de vengar, sonreir en lugar de llorar, pelear la batalla de la vida en lugar de darse por vencido y por sobre todo que me elija a mí, por lo que soy sin importar lo que tenga.

¿Y Ustedes por qué eligen? Los invito a contármelo a tindereando.a.los.40@gmail.com

Tindera

“tratemos en la red a los demás como nos gustaría que nos traten a nosotros”

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